Chicos, me enseñais a cada paso que compartimos que merece la pena fracasar e insistir, decaer y aumentar las ganas y el esfuerzo, porque incluso en eso estamos acompañados. Simplemente por saber que estáis ahi, cobra sentido todo* esto.
Por Argentina, por lo que fue y sobretodo, por supuesto, por lo que desde ya estamos creando. Hoy es un día importante para mí.
y al despertar te pienso y eres otra aunque persiga hasta la sed tu cara buscándote en cajones y retratos, abandonado a una pequeña, inútil noche de lluvia entre mis manos...
Quise como nadie a alguien que no supo sostener tanto y decidió entonces, que era mucho mejor respirar por separado. Aún así seguí queriéndole hasta morir, y el tiempo fué curándome unas heridas que hoy todavía siguen cerrandose, estando profundamente clavadas en mí, en forma de cicatrices o como sombras de lo que ya forma parte de un pasado demasiado cercano para ser confundido, a veces, con el presente. Aprendí de mis errores y acepté cosas que quizás en otras circunstancias no hubiera aceptado, e incluso callé en momentos que ahora no callaría o respiré aires que no volveré a respirar, y aún así... Aun habiendo sufrido como sufrí hoy sigo apostando por lo que de alguna forma nos hace sentirnos vivos. Sigo creyendo que la vida nos enseña a compartirnos, amarnos, querernos, odiarnos y sobretodo vivirnos los unos a los otros, los otros con los unos. Y así formar un todo* que pocas veces se llega a completar en dos formas (solo tú con otra persona, siendo espejos) y que raras veces nos paramos a sentir. Sigo disfrutando de lo que el amor nos trae a sacudidas y lo que las sensaciones cercanas a éso que llamamos "querer" conlleva. Pero lo mejor de todo es que, he aprendido a perdonar y a perdonarme y de eso hoy estoy orgullosa.
En lo adentro del día, en lo que te forma y te envuelve como un agrio caramelo sin azúcar, en lo que te hace palpitar a gritos y llorar a solas, en esa lumbre que hace estallar lo más oscuro de las cosas, busca.
Camina adelante aunque a veces no sepas dónde. No tengas miedo si en algún momento perdiste el norte y no sabes qué va a ocurrir ahora, recuerda que las mejores cosas pasan siempre de improvisto y los mejores planes son aquellos que no se planean. Siente a cada paso, a cada etapa, en cada ciclo de tu vida, que las cosas están ahí para tí, que la vida es demasiado corta y hay mucho que ver, pensar, hacer...Siente que tu vida es solo tuya y que, afortunadamente, todos los días puedes elegir y deshechar cosas que no quieras para ti. Agradece cada segundo que vives, sobretodo los malos, porque gracias a eso valoras todo lo que tienes, que no es poco. Apuesta por tí porque tú serás tu compañero eterno durante todas las lunas que vivas. Y sobretodo, lucha por lo que crees con respeto, amor y humor porque estoy segura que, sea lo que sea, merece la pena.
Así que toma una carta y vete a la vida.
La parte animal me gusta demasiado
.
23.4.10
siguir las señales...*
y llenar los espacios de barcos para mover el aire, y beberme los mares .
Pocas veces estamos contentos que todo lo que tenemos. De alguna forma estamos acostrumbrados a luchar por algo que cuando lo conseguimos, parece que pierde emoción o importancia y entonces, seguimos no estando contentos. Se convierte así entonces, en un cúmulo de cosas y emociones que están ahí y no van a ningún sitio. Ni aumenta ni disminuye. Ni sana ni cuida. Ni siquiera enturbian como para mandarlas lejos. Están en ti pero más lejos que nada, más lejos de ti que cualquier cosa en el mundo. Y entonces, te preguntas cómo has de hacer para conseguir que todo esto que te viene de otro lado y de tí, se junte en una sola mala para sacar o mandar al cuerno.
De repente cae en la cuenta de que ha tenido una puerta abierta delante de si durante mucho tiempo y que nunca se ha cerrado del todo. Ha sido como un muro inamovible con una puertecita que ha aguantado batallas y taconazos en la madrugada mientras la mano borracha que los empuñaba lloraba a gritos para que se fuera, para que cayera, para que dejara de estar ahí. Y pese a que ha llovido y se ha nublado el cielo tantas veces como lágrimas, aún está ahi, un poco más viejo y más agrietado... pero ahí. Y sigue con la puerta entre abierta por si en algún momento el barco vira y la suerte está de su lado. Aunque ahora que lo piensa, quizás no sea cuestión de suerte...
20.4.10
que ya tenéis historia, porque ayer el gigante* pachón que os ayudó a nacer días atrás, os dejó en nuestras manos llenitas de dudas y aquellos hombrecitos de azul con luces azules en sus caballos no os vieron mientras buscaban drogas para deternos a nosotras, la duende de pelo azul y la cronopia de pelo rojo, que se reía mientras os regaba. Sanaréis momentos. Bienvenidas.
Lo que es la vida. Un día llueve tan a mares que los charcos se colapsan y las calles comienzan a ser río y tú estás ahí, medio tirada en la calle, con alpargatas, empapada, tiritando y con los ojos totalmente colapsados tambien, tratando de entender por qué la vida te ha dado ése palo, descalzándote a la vez que pierdes la valentía y te aferras al miedo que te va inundando por dentro para apartir de ahi, vivir contigo más de un año.Y de pronto, un día de sol, aparece una razón más para echarte a los labios una sonrisa y entonces, todo cobra el sentido de antes o uno mejor y te dices a tí misma que eres suficientemente grande para ser feliz con poco, con éso, con más. Y entonces todo vale... hasta que de pronto viene una luna llena que te descuadra y te deja sola en mitad de una playa dolorosamente bella con un mensaje en la bandeja de entrada del teléfono móvil con un simple "no me esperes". Ahí es cuando te das cuenta que las lágrimas nunca te dejaron de lado y siguen formando charco cada noche, de vuelta a casa. Y te vuelves, si es que se puede, cada vez más nostálgica, noctámbula, no-alegre. Y piensas, o mejor dicho, vuelve a ti... repiensas, que las cosas son más complejas de lo que parece cuando alguien te dice que tú eres mucho más que todo esto.Y caminas, caminas, caminas, sin querer mirar nada. Hasta que miras, tal vez pasado el tiempo ya, y encuentras un duendecillo de sonriente mirada en mitad de un ciénaga que te dice que las alas empiezan a hacérsete pequeñas cuando en realidad deberían ser más grandes, y los días pasan entonces cada vez más rápidos. Y hay llamadas rápidas y cafés lentos y cervezas y paseos y re.encuentros*. Pero las cosas buenas y frágiles juntas, se vuelven más buenas y frágiles con el tiempo, así que debilmente se van haciendo tan pequeñitas que pasan a ser casi invisibles para el ojo que quiere captarlas, y vuelan. Vuelan tan alto que aunque tú quieras ir con ellas, te hacen tener la mirada alzada durante mucho tiempo hasta que el universo gira tanto que como las estrellas, cambia de posición y pierdes la esperanza y entonces... De pronto un día y otro día y otro día te das cuenta que llevas casi una semana sin dormir y que tu cabeza vuelve a sentirse bloque.ada. ¿Dónde se te fueron las ganas pues? Y de nuevo te pierdes en la vorágines de sensaciones que trae caerte a un pozo y ver relojes por todas partes... Y así pasan los días y más y más días, hasta que una mano amiga acaba agarrándote y dándote de hostias hasta hacerte abrir los ojos y vomitar. Y de nuevo lloras y empapas la ropa y aprendes. Aprendes otra puta lección de tu vida. Aprendes que no hay nadie como TÚ en este planeta y que a lo mejor has de irte a otra galaxia...
—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame! —¿Qué debo hacer? —preguntó el principito. —Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos ent endidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca... El principito volvió al día siguiente. —Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios. —¿Qué es un rito? —inquirió el principito. —Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones. De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida: —¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré. —Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique... —Ciertamente —dijo el zorro. —¡Y vas a llorar!, —dijo él principito. —¡Seguro! —No ganas nada. —Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo. Y luego añadió: —Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo. Y luego añadió: —Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto. El principito se fue a ver las rosas a las que dijo: —No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo. Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles: —Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin. Y volvió con el zorro. —Adiós —le dijo. —Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos. —Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse. —Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella. —Es el tiempo que yo he perdido con ella... —repitió el principito para recordarlo. —Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa... —Yo soy responsable de mi rosa... —repitió el principito a fin de recordarlo.
Inventarse la vida del tipo del asiento de delante del avión que tiene su nariz pegadita a la ventanilla, con los ojos muy abiertos, tratando de captar todas las nubes y sus formas y que sólo puedo ver a través de un espacio de diez centímetros, lo suficiente para unirme a su ilusión y observar, observar si, todas y cada una de los algodones de ahí abajo. Pararse delante de un edificio que hace esquina, y ver como se adapta perfectamente a esa curva e imaginar que llevo la cámara conmigo (si es que no es así) y puedo hacerle una foto para mostrar ese ángulo tan perfecto. Mirar la hora en el autobus y ver que voy con tiempo suficiente para tomar café en cualquiera cafetería y disfrutar del sol un poquito más, antes de meterme en aquella cueva donde trabajo. Seguir las gotas del cristal en la ventanilla del coche y acordarme del juego aquel cuando niña en donde las gotas que más corrían era Aladín y las siguientes, los guardias reales que le persiguen. Imaginar, imaginar, imaginar, momentos de un viaje que todavía no he vivido. Creerme importante, o al menos un poquito, cuando el viejecito de la segunda parada después de la mía me dedica su mejor sonrisa al cederle el asiento. Caminar hasta la biblioteca, subir las escaleras, y encontrarme frente a ese mar de libertad lleno de historias escritas para mí... y quedarme allí horas, sentándome en cada parte de suelo conveniente a cualquiera estantería en donde hoy toque encontrar, o buscar, según sea el caso, y decidir que ése pequeño librito de estrellas va acompañarme durante 15 días a todas partes en la mochila o el bolso, en el tren,a pie o en el bus... y salir de allí con una sonrisa inmensa, como el niño que encuentra un tesoro cerca del mar y lo guarda con cuidado en sus manos para que no se pierda. Bajar las escaleras con más satisfacción de quién las sube para enredarse en apuntes y libros teóricos, y tomarse un chocolate caliente con poca azúcar en la maquinita de la primera planta. Salir del templocasisagradodeloslibros* con una sensación única... Despertarme con una mala noticia y tratar de buscar su lado bueno, y dedicar canciones y oraciones de meditación a quien está perdido tras ese horror que traen las malas noticias. Echar de menos... Echar de menos... Echar(te) de menos... Llorar al abrazar a mis gatos tras cinco días sin abrazarlos. Beber té verde con leche y canela. Descubrir que no he perdido lo que había perdido. Escribir aqui.
No lloreis los cuerpos. No lloréis los huesos rotos en ése ataud. No lloréis la cara descompuesta, reconstruida a duras penas, tras aquel accidente. Solo fue un accidente. Algo horrible, un "error". La decisión de la vida de acabarse allí, justito ahi, en ése puente. La decisión de la muerte de llevarse una vida que ni siquiera había salido al mundo exterior, aún con semanas, dentro de su madre. La decisión de ambas, vida y muerte, de hacer llorar a cuántos tratan de entenderlas. Es horrible cómo no se puede actuar frente a un dolor así. Solo queda llorar... Llorar hasta desahogarse y deshacerse en un puñado de charcos llenitos de recuerdos de antaño, cuando aún éramos niñas y solo bastaba una botella llena de agua para jugar o una barca para creernos dueñas de nuestros actos hasta que mamá llamaba para comer fruta y dormir. Y wow, lo que es la vida, diablos, a veces... Tengo miedo...
Este es tu final aquí. Buen viaje compañera de juegos de la infancia. Ojalá encuentres la luz y todo deje de ser ya oscuridad. Ojalá te acompañe lo Sagrado y puedas renacer de nuevo en otro tiempo y otro espacio. Hasta Siempre.
Estoy harta de este país de fascistas. De cómo se olvida más de la mitad de los españoles de quiénes fueron los verdugos y quiénes los muertos. Me duele ver como hay fantasmas y heridas que aún no se han ido, y como proclaman a voces los herederos de los asesinos que seguir revivando el fuego del rencor no crea más que desastres. No es rencor, es Justicia. Es descansar en paz, huesos, ideales y respeto. Es Humanidad y sobretodo Derecho. En este país de mierda donde jueces y políticos siguen siendo aves rapaces capaces de devorar lo que sea. Bastardos, asesinos, cobardes. No creo en ése Estado de ley democrático del que todos hablen. Ni siquiera creo en la democracia, algo así me aterra y ciertamente, me huele a puro vómito. Solo pido respeto a la memoria de aquellos que lucharon por la Libertad, la Justicia y por un mundo más justo. Solo pido por los que ni siquiera supieron que podían hacerlo y simplemente fueron asesinados por crueldad de unos asesinos cubiertos de odio. Solo pido por los que legaron en mí, con su muerte, un honor y unos valores dignos a seguir. Tenemos que acabar con esto, y no sólo porque se lo debemos (a todos ellos, a la Libertad), sino porque sobretodo se lo debemos a nuestros hijos. Por un futuro más justo y sobretodo libre.
Abajo el fascismo y su malditos atentados en contra de toda la Humanidad. En apoyo al juez Garzón, una de las tantas presas de ésas aves carroñeras. Haz que tu voz tambien suene, sino eres tú ¿quién lo hará? Por los derechos humanos(pincha ahi). . .
Las manos en las pestañas para dar calor al frío. Y una lámpara torcida a veintisiete centímetros de la mano izquierda, que camina presurosa por la mesa buscando todo aquello que se perdió. Hay calles cubiertas de charcos que llora mi melancolía; ésa que añora una vida que no existe. Que no existe porque no es posible construir tanto en tan poco espacio y los castillos tambien necesitan cimientos y cementos y es una locura pensar en barcos cuando solo hay piedras. Y entonces la lámpara se cae y se quema el brazo, y el calor inunda el cuerpo y entran ganas de llorar. Un tranvía se difumina a lo lejos con ese vapor que tienen las cosas que no se ven. Como aquellas marionetas cubiertas de sombras, o como las horas de insominio que son como espejos. Y a la memoria vienen cientos de imágenes de unas montañas que cubrieron el corazón con un halo irrompible... Y ahora un río y un puente, y esa mujer que tanto (me) miró. Qué pequeñita son las huellas de una cronopia en un mundo tan inmenso... Esto es el fin de algo que termina justo al acabar éstas palabras... A d i o s*
y ojalá todo fuera como el calor que dan ésas luces de naranja bohemia...
Adolf Mucha mañana.
No aceptar otro orden que el de las afinidades,
otra cronología que la del corazón,
otro horario que el de los encuentros a deshora, los verdaderos.
De como los sueños y las ilusiones se comparten tan rápido como un suspiro; un suspiro que no se suelta, que te garra por dentro y no te suelta... Que te hace revivir sueños que de alguna manera dejaste de lado por frustración, miedo o porque de todas formas, pensaste que eran demasiado imposibles, totalmente lejanos, utópicos. Pero aprendes.
Aprendes de tu padre, de sus palabras sencillas; del amor de tu madre, de su paciencia serena. Aprendes de tu hermana mayor, de su ilusión de niña grande; de tu hermana viajera, y de ésa forma camaleónica de adaptarse a todo. Aprendes de ti, de tu visión de las cosas, de tus reflexiones en la madrugada, de tu forma de ver el mundo. Aprendes, de la distancia y de esa claridad que se pone en las cosas cuando estás lejos.
Y agradeces... Agradeces a la vida por darte todo eso que ni siquiera esperas.
Es increible cómo los viajes me inspiran tanto. Me dan ganas de seguir viajando rumbo allá y acá sin parar...Me hacen sentir la constante necesidad de escribir y contar todo lo que voy sintiendo. Es maravilloso cómo me hace sentir tan libre. Tan libre, como ahora.
Ahora viene una curva, una curva increible. Las estrellas están ahí fueras, como pintadas para los pocos que a éstas horas nos atrevemos a mirarlas. El autobus va lleno, dormido. La radio del conductor suena una canción que habla del verano del amor y de las ganas de vivir. De éso último sé bien mucho. Pronto llegaremos a Jaén. El destino es hacia arriba, hacia el sol. O casi. Y a cada vuelta de rueda, millones de lucecitas empiezan a asomarse por el este, no... también por el oeste. Wow, un pueblito al Norte. Amo la noche y me encanta la carretera a éstas horas en lo que todo es sombra y brillo. En donde cada lucecita es una esperanza de llegar. Pienso en todos los viajes a Madrid con (mi) gente. Pienso en tantas horas de charlas, de conversas sobre la vida o los cielos, sobre cosas profundas que con poca gente puedes hablar y la cantidad de paradas para tomar café y fumar cigarrillos y comer chocolate.... Y la de veces que parábamos en la cuneta para observar. Qué tiempos aquellos... Tiempos que pronto volverán. Si...también Ellos me acompañan. Son muchos los que están aqui conmigo, como mis protectores. Y ahora pienso en futuros caminos. Siento Lisboa como un corazón latente que me pide a gritos que lo alimente con toda esta ilusión. Vaya... Amo soñar con la boca abierta y el corazón puro. Me encanta sentir cómo mis alas empiezan a moverse desde ya. Praga, allá vamos. Y mientras... duerme Madrid, son sólo unas horas...
8.4.10
La vida aprisiona los sueños, pero los sueños devuelven la moneda profunda de la Vida*
Praga nos espera con sus increibles calles y edificios. Con su frío interminable aún en primavera. Con su viajera loca de gafas moradas que se agarró a ésa ciudad y no la suelta, porque se ha enamorado y ese amor es para toda la vida. Y esas ganas locas que ya llegaron antes que nosotras de la duendecilla de pelo azul que llena mi vida de burbujas de aire para respirar. Y menuda ilusión tiene mis pupilas y qué nervios me comen por dentro! Y aún sin maleta hecha a unas horas de partir, ya estoy encantada con todo lo que este viaje me ha enseñado. Qué de cosas nos esperan en cinco días... En fin, Málaga ahí te quedas. Y vendrán las sorpresas...
A veces quieres tanto a alguien que de tanto como quieres dar, todo se estropea. No sé si es así exactamente. El caso es que por eso o porque la balanza se descompensa, todo aparece por los sueños y ahora, hablo de los pilares. Tu vida se tambalea de una forma que ya ni siquiera temes, ya solo esperas el final. Y el final resulta que no llega porque, aunque no te lo creas, tienes fondo para rato. Ya estás curtida, ya estás curada de todos esos grandes batacazos. Ahora solo estás tú. Tú frente al mundo. Tú sin compartir tu propio respirar o tu corazón. Tú para ti y para nadie más. Entonces te mimas, te cuidas, te vives... y de alguna manera, te preparas. Y cuando crees que la vida está demasiado tranquila, que necesitas mucho más, plim, algo se cuela entre la piel de tu pecho y la última partícula de miedo de éso rojo que bombea ahí dentro, entre tus pulmones y las costillas... Y entonces todo se vuelve diferente, como más brillante y vuelves a vivir éso que dicen que es alegría y recompensa. Y empiezas a sentir que vives de nuevo... Pero claro que vives, vives mejor porque antes también vivías. Éso tienes que aprenderlo.
No voy a callarme si decides ser tú la que grite y mire de ésa manera. No voy a decirte nada con palabras, no es lo que estoy buscando. NI siquiera aprendo de todas esos momentos que he vivido contigo a las espaldas, siendo un águila rapaz esperando deiblitar su presa para cazarla, y las veces que de buenas manera he tratado de entender todo lo que escondes detrás. No comparto tu manera de ver la vida. Yo no pretendo ser mejor que los demás; ni siquiera pretendo demostrar lo que soy. Yo solo soy yo, sin más. Y trato de que cada segundo cuente en mi vida como si fuera un rayo de sol alimetándome. Agradezco todos los días no ser una persona como tú. No me sentiría orgullosa si alguien me pide ayuda y se la niego simplemente porque ésa persona no recibe los mismos ingresos que yo, porque no viste de la manera que a mi me gusta o porque no lleva en su bolsillo tanta vergüenza cara como me creo poseo. Es ridiculo cómo miras por encima del hombro mi ropa y te ries de mi filosofía de vida. Es increible cómo puedes creerte tan superior a cualquier otro ser viviente de la tierra. Deberías aprender de tus propias palabras que alardean de sabiduría. Ni siquiera el sabio tiene todas las respuestas... Ojalá los dioses te bendigan y te hagan ver que te estás equivocando.
Por lo visto hace más de dos meses que no se veían. Él la esperaba a tientas, intentando controlar sus nerviosos, en el andén 10 de la estación. Tenía en la boca todas esas imágenes que habían vivido y en los ojos miles de palabras por decir. Todo se paró en el segundo justo en el que ella se bajó del autobus y caminó entre un mar de gente hasta encontrarle. Tenían cinco centímetros para respirar, y eso no bastaba para separarles. Durante toda la tarde estuvieron mirándose sin hablar. No importaban las palabras ahora que eran los kilómetros los que parecían llorar en la distancia. No importaba qué decirse ahora que la mitad física se juntaba con la de dentro justo en dos cuerpos que encajaban de por si. Y sin hablar, se estuvieron diciendo miles y miles de cosas, hasta que ella sacó una carta y se la entregó. A partir de ahí, todo fueron sensaciones en tinta roja y papel... En un segundo, una lágrima rodó de la mejilla de él hasta la mano izquierda de ella, recorriéndola hasta convertirse en ése suspiro compartido que dijo lo único que les faltaba. Todo fueron cartas durante ésas horas. Cartas largas, largas, largas... durante toda la noche. Hasta el amanecer. No hubo más. Solo ese monton de cartas que iban acumulándose una tras otra, como todos ésos 62 días que no se vieron, palabra tras palabra, sensación tras sensación, Tras eso, una sonrisa y un abrazo enorme, de mucho más allá. Luego un viaje de vuelta, hacia la ciudad gris en donde nadie la esperaba solo una cama vacía y un silencio por todas partes...
Me gusta sentir el agua del grifo correr por mis dedos. El limòn. El olor de mi cama. Los pañuelos y pashminas de colores para vestir. Caminar sin rumbo. Los hombres con cuello de jersey. Las viejecitas que se sientan en un banco al sol. El "sprite". Sentarme en el suelo de lozas caliente. El momento justo cuando cambian todos los semáforos que tus ojos te permiten ver. Aquella vistas de la Sierra desde ése lugar. El olor de mi calla en primavera y sus naranjos cargaditos. El queso con dátiles y fruta. Las mujeres con pinta de bruja que se sientan en la mesa 14 todos los viernes a eso de las siete. Los bombones rellenos de almendras. El sonido del alambre al caer. Eascribir con tinta azul claro. El sonido particular de la máquina de tatuajes y la sensación al sentirla en la piel. Los espejos cerca de una ventana. La luz entrando por la persiana. El olor del mar cuando sube la marea. El frío en las manos. Salir corriendo cuando quedan pocos segundos para que el semáforo del verde se ponga en rojo. Los viajes en tren. Dejar "post-it" con mensajes por ahí...
No me gusta tener la nariz mojada. La gente con prisa. El sonido de los coches. Los bolis marca"bic". El café con demasiado hielo. Las uñas cuadradas. El whisky. Los estornudos. El olor del mango. La leche caliente. El dispensador de servilletas de los bares. La gente violenta del autobus. Las fresas solas. Quedarme sin saber qué hacer. La presión de los aviones. Escribir en negro. Que alguien me hable de usted. Los ascensores. La gente que grita en la biblioteca. Los tipos que se creen interesantes de la tetería. Las despedidas...
Los dientes del tigre se han mezclado con la semilla, pero no hay que tener miedo. Los bolsillos están llenos de palomas que miran el fondo del tiempo y el corazón está entre las manos, tendiéndose. Hay ojos muy abiertos contemplandolo todo y un montón de velitas rodeando el espacio. No se debería buscar un vacío en otro vacío por eso los cristales se desgarran y hay alguien que grita sin grito. Hay autopistas de destierros y un telón de fondo que parece como si en vez de cortina tuviera penas y alegrías todas juntas, bailando como en un quejío flamenco. Y murciélagos que caminan voraces a través de las palabras para enredarse en los pelos...
Creo que he aprendido una lección esta semana. Nunca esperes demasiado de la vida, ni de la gente, sólo espera de ti mismo. Ten fe en ti. Cree en ti como si no existiera otra cosa en la que poner fuerza, cree en ti como si la vida se te fuera en ella y entonces... escucha tu corazón y actúa. Él mismo te habla directamente sin tapujos, sin prejuicios, sin maldades. Te habla a tí, a tu cabeza, a tus manos que hacen, acarician; a tus pies que andan, caminan. Entonces a partir de ahí y de Él, actúa, mueve ficha, aulla. Nada puede salir mal, éso tambien lo he aprendido, si actúas con el corazón. Es hacer lo correcto, aunque quizás no te venga del todo bien a tí, aunque a lo mejor, el/la que acaba llorando seas tú y no otra persona. Llora por ése dolor, por no querer hacerle sentir ése dolor a nadie, aunque a tí te lo hayan hecho tantas veces... Y comparte, diablos, comparte lo bueno incluso con ésa persona que te hizo llorar. Porque nadie se merece sufrir, absolutamente nadie. Así de sencillo. Si, éso ya lo aprendí hace mucho. Ni el más gusano de los gusanos merece ésas lágrimas.Tampoco yo... y mira cuántas derramé. Si. Aprendí que la vida es demasiado hermosa para seguir llorando y entonces, justito cuando dejé aquellas lágrimas, alguien me mira de una forma inexplicable y me dice que si, que has hecho bien, que mereces un aire de vuelo: así que vuelo. Al final si. Al final la vida me dió un regalo y otra oportunidad para dar energía protectora o otros seres que alimentan mi energía. Y aqui estoy, nerviosa, nerviosisima, atacá. Y agradeciendo... Tres días y... Praga. Y maletas no hechas y ganas en aumento. Y necesidad de respirarle el pelo a la niña de gafas violetas que lleva en sus venas la misma intensidad de rojo que llevan las mias.
* *
Afortunadamente siempre hay alguien dispuesto a recordar que igual Nunca Jamás mereció la pena...
Esto no es una carta... Sé que jamás leerás esto, aún así, tengo las manos llenos de palabras que decirte y mi boca no puede hacerlo, se queda muda, bloqueada... por eso escribo.
¿Qué le dices a alguien que sabes va a morir? Y peor aún, ¿qué le dices a alguien que sabe que va a morir y que pide ver a todos su gente querida una por una, para despedirse?
¿Qué se supone que tengo que decirte, Alex, cuando sé que vas a partir cuando menos lo esperemos y entonces, todas esas imágenes de futuro compartido se desvanecerán con tu brillo? No creo en la muerte. No al menos como algo doloroso, impuesto, soberbio y frío. Creo en ella como algo bello, como el fin de un trayecto que no ha sido más que el calentamiento de una carrera hermosa, como ese sendero luminoso que sale de entre los árboles cuando peor perdido crees encontratarte. Creo en ella como la mano fríamente hermosa que te deposita en otro tiempo y en otro espacio siguiendo la vida que te ha tocado seguir después, como un constante sol inmenso que muere y renace a cada día, brillando aún más si cabe.
Haré votos por ti, caminaré a tu lado mientras tus ojos se cierren en esta vida para siempre. Pediré por ti porque tu camino sea luminoso y vayas en paz a donde quiera vayas.
Cuidaré, cuidaremos de tu cuerpo cuando lo abandones hasta dejarlo siendo integramente parte de la tierra, te doy mi palabra. Y te dejaré ir, aunque la pena inunde mi boca y no pueda decirte nada.
Que lo sagrado guie tu camino y aliente tus pasos. Buen viaje compañera.
Adelante.
"Regreso al mundo con la frente y las manos luminosas. Así pues, acepto mi destino. Allí están el camino y yo, humilde peregrino que regresa a su gente. Yo que vuelvo luminoso a las horas del día rutinario, al dolor del hombre, a su simple alegría. Yo que doy de mis manos lo que puedo, que recibo la ofensa y el saludo fraterno, canto al corazón que del abismo obscuro renace a la luz del ansiado Sentido”.
A kilómetros, como todas las distancias que me separan de lo que quiero, que han ido mermando entre mi posibilidad y mi paciencia a lo largo de todos estos años en los que algo de mí ha ido envejeciendo y al mismo tiempo, naciendo, viviendo y sobretodo creciendo de una manera tan brillante e incapaz de describir, desmenuzar, con éstas palabras... como lo es, la sensación que vive en mí al cerrar los ojos e imaginar esta ilusión que habita en todos los rincones de mis huesos, que cuando mis párpados encuentran oscuridad tras las pestañas, vuelvo imágenes y momentos que no sé si viviré pero que aún así me valen para sonreir. Es maravilloso ver como me siento mejor persona a cada segundo que pasa si alguien como Él (si, como tú*) me mira de ésa forma y me lo dice todo. Y cómo entiendo todo, aunque sea por segundos, aunque los segundos sean eternidad y esa eternidad lo infinito*, cuando mi dolor y mis lágrimas se sienten protegidas como si desde otra boca y otras manos y otra espalda, se sintieran ellas mismas y pudieran rodar tras el centrímetro, tras el kilómetro, tras los pasos que el aire, el cosmos y la vida nos ha puesto delante como una constelación en el espacio con ese halo de brillantina que es como un suspiro, y acabar siendo calor que se evapora como agua que destila mis glandulas lagrimales hasta sus manos que las convierten en nubes... Y puedo verlas más allá de aquel templo blanco que mis lágrimas me impedian mirar por la ventana. Puedo verlas moverse, d e s p a c i o, hasta ese hueco justo en el aire y el tiempo, ése concreto, bailando (d)e s p a c i o hacia la luna menguante.
Si, ahora estás a kilómetros.... pero puedo sentir que no son nada.
No duelen los fracasos de las propias manos, ni de los pasos innecesarios que acaban dando media vuelta porque no hay camino hacia atrás. No duelen las cicatrices de las heridas de batalla, ésas que se marcan en mi cuerpo tras pelear como loba kamikace con los gigantes de hierro. No duele la soledad o este constante camino en silencio. No duelen los ojos rojos tras dos noche de lágrimas constantes, igual que no duelen las bolsas moradas surcando el espejo. No duele la rutina, ni la desidia, ni el desconsuelo cuando ninguna boca tiene nada que decir a esto que pasa sin saber muy bien cómo. No duele la enemistad, ni las malas lenguas, como tampoco duele el hacer daño por hacer daño. Ya ni siquiera duelen las mentiras, ésas que rompen todo cuanto se ha creado. Duele... y mucho, la impotencia de ver como un increible bosque lleno de oxígeno, de magia, de inmensidad, de cosas hermosas, se quema a conciencia olvidándose de usar los cortafuegos para salvarlo. Y no se puede hacer nada cuando un mar de llamas lo inunda todo y te quema hasta las pestañas.
A veces pasan cosas de las que no sabes el origen. De las que bien te gustaría librarte pero de la cual no sabes ni razón, ni porqué. Y entonces te encuentras atrapada en un laberinto de nubes densas y oscuras, pegajosas, que te empapan la ropa, los poros... que te tocan los labios, las pupilas, el miedo y todo se desmorona: tu seguridad, ésa que creiste asentar con los años; tu fé, la que te ayuda a mover las montañas más inmensas e imposibles; y tu cordura, ésa que a veces aparece y te habla por las noches y te cuenta cosas que de alguna forma sabes pero que no te gustaría saber. Entonces todo es demasiado grande y tú demasiada diminuta, y empiezas a respirar cada vez más lento, más lento, más lento... hasta desaparecer.