Me ha mirado.
Yo tomaba café.
Me tembló la taza y supe que algo ocurría cuando mis piernas seguían ése mismo movimiento.
Mis ojos buscaron la razón y la encontré, metida en un cuerpo anciano en un banco viejo y destartalado. A plena luz, sin señales previas. Sin temblores ya.
Ésa mirada.
Justo ahí, mirándome, a mí... Para mí.
Cerrando círculos. Casi despidiéndose. Pero ahí, justo ahí, para que el café, la mesa, las personas que me rodeaban, mis ojos, la viera.

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