Tuvo un orgasmo con la luna. Entre millones de ruidos, solo puedo oir el silbato de Saturno, preparado para devorar a sus hijos como si fueran sus propias ideas. El orgasmo fué brutal. Perdió el sentido de la realidad y se adentró en el mundo del placer y el vicio. Había un árbol en llamas y cientos de diosas al rededor esperando al falso omega para renacerle. Solo quería gemir, salir del mundo de caos para reinventarse.
Y explotar, en un acto de rebeldía contra el sol.

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