En las montañas vibrantes de cercanía solar, de fuego, de voces, de flores invisibles creadas de tanta magia andina, de tanto luchar, tanta lumbre cromática, comprendí cosas inexplicables a cerca del amor, de la vida, de la Tierra, de mí. Hubo labios pegados sobre dientes felices. Y en el cielo, en las mañanas de luz absoluta, trozos de cosmos que representaban cielos de murciélagos infinitos... Allí mi ser reventaba sentires sintiendo en la lejanía un crespitar de la lumbre del alma constante. Re*inventé mi salvación escalando hasta el viento y los días se suicidaban en horas para regalarme; se perdían los horarios y las noches no eran oscuras... En las noches (las noches compartidas*) bailaban los pensamientos en la cuerda de mi sonrisa. Mi sonrisa, aquella que le gritaba hasta al viento que había que salvarlo y reir mientras las piedras se tornaban rosas, azules, violetas, amarillas, rojas! Y me enamoré. Me enamoré como nunca... Y era esa enamorada que ríe en el pañuelo y llora a carcajadas; ésa que nunca fui y que ahora soy, si lo pienso (reviviendo*)...
Y estaba desnuda, completamente desnuda de sangre de alas. Acariciando como el mundo convulsionado me señalaba sus pies y mis r*evoluciones. E imaginando y comprendiendo como, tras cada montaña, tras cada suspiro, tras cada piel de gallina* estaba la eternidad bendita de la vida. Y entonces todo era una fiesta del vacío más completo. Era como si aquel viento sin alas de los Andes estuviera encerrándose en mí, en mi corazón de cóndor, de vieja huarpe, de soñadora nata, haciendome comprender justo eso, que tambien era la hija del viento que tantas veces vió cosas extrañas, pero que aun cayendo en el vacío de lo completo, y como diría Alejandra, mis brazos van hacia delante, insistiendo en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde. Y recuerdo que en aquellas imágenes iba, una vez más, al encuentro del sol. Enamorándome más y más de la vida y sobre todas las cosas de la vida. Haciendo de eso un solo nido de hilos para danzarme. Aprovechando cada segundo a solas para agradecer la propia existencia de todas las existencias conjuntas y pegarme a su piel, la de Ella, como a nada, como un espacio infinitamente sagrado de revoluciones* y revelaciones*. Tatuándomelo y tatuándome poro a poro hasta ahora. Y así, atesoraba palabras muy puras para crear nuevos silencios; desnudándome y desnudando las migajas de las cosas complejas. Dibujando mi itineario hacia el viento, el aire de calor que alimentaba mi garganta. Yaciendo como niña densa de música ancestral encontré la luz para iluminarme de nuevo. Y encontré, esta vez si, mi máscara de loba que dejé como ofrenda en el Monte Aconcagua. Y allí sortilegios, promesas, esperas y soles. Grandes poemas y sensaciones jamás escritas... Estar. Estar. Estar. Como si fuéramos el corazón de todo lo que existe. Siendo, entonces, una transparencia que solo los que vivimos aquello podríamos contar. Y entonces, supe que es el silencio*

2 comentarios:
amaaaazing! muy lleno de colores y viejas sensaciones... raro.
por cierto, crespitar de la lumbre no? jejej se te fue la S querida...
besos! TE LEO
Serán cosas que habré de descifrar o que seguiré ignorando, no sé, qué importa, un tigre que duerme a la vuelta de un león que duerme también y volver por la calle de los gorilas que parecen esperar algo que nunca empieza y siempre termina. No sé si quiero pensar en cuestiones de verdad y de mentira, si las cosas se han puesto así, si ya nada ni nadie las domina.
Ignoraré los significados, los sinsentidos, a mi toro zen, a mi otro Freud… Todo se ha vuelto complicado y aquí llega el viejo portaaviones tirapedos, aquí llega poniéndose en onda lentamente.
Pero volver se hace más complicado al margen de una calle cuyo nombre no me es dado. (en este mundo parece no haber divisiones claras donde las calles no tienen nombre, número ni importancia). No hay rastros de selvas, ni de sabanas, nada de nada. Paso entre las fieras como avanza la niebla, sin que me roce una brizna de hierba. Y pienso si era ese el tigre que un día Borges soñó, cunde la jungla en mi dasasosiego, acaso lo había previsto ya el sabio ciego…
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