Dentro de veinte minutos daran las cinco de la mañana. Todos, en casa duermen y cuando digo todos, son todos; pájaros y gatos incluidos. Me duele un poco la cabeza y tengo la sensación constante de que, detrás mio, junto a esta silla, alguien me observa.
Tengo unas ganas, necesidad quizás, de ver amanecer. Y siento que mis piernas quieren echar a correr de un momento a otro. Estoy tranquila, mi corazón late sereno al compás de estas teclas y de unos mantras curativos. Me pregunto cientos de preguntas que no llevan a ninguna parte... pero que están ahi, algunas, pasan veloces para dar paso a otras nuevas y otras, en cambio, me hacen mella haciendome sentirme triste, cansada, apática o alegre según el caso. Las noches me hacen esto, y más ultimamente que no sé muy bien donde estoy (a pesar de todo). A pesar de las horas, no tengo ganas de dormir. Un poco sí pero tengo resistencia. No quiero irme sola a la cama, es eso. Si, otra vez con la tontería... ya lo sé. Y bueno...
Mi agenda, abierto aún por el miércoles 8, tiene escrita mil formas de entretenerme y por aqui tengo ciento y una páginas abiertas. Instantaneamente, una lucecita naranja se enciende para darme buenas sensaciones nocturna. Si... me tranquiliza esta ventanita naranja...
Tienes derecho a ser feliz, cuelga de una de las libretas que devoran el espacio del escritorio.
Sin duda, todos tenemos ese derecho.

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