Baudelaire decía haber encontrado belleza en lugares que los demás rehuían. Tenía mucha razón su observación. Yo me siento tranquila en algo parecido a un abandono constante, en donde huele a viejo y en vez de blanco, todo está como amarillo. En ese lugar, se apilan montones de historias marcadas por pequeños grabados medio sucios, y en las paredes, cuelgan palabras (en parte de poetas malditos y de filósofos de los que nadie se acuerda...).
Hoy echo de menos aquella bocacalle del barrio gótico. Aquel hombre de película muda que hablaba como en susurros y me contaba historias antiguas del barrio, del de antes. Echo de menos pasarme horas y horas sentada en cualquier parte de aquel lugar y tomar el tesoro que sea, y leer algunas palabras para pensarlas e imaginar de qué vida se trata. Allí me dan igual los títulos, me dan iguales los autores, la editorial que selle, el precio que firme... allí me importan los olores, los sabores, las ideas, las imagenes que salen de ese monton de páginas que algo en el mundo parece haber puesto ahi por alguna razón, no para ser comprados, sino para ser encontrados o ayudar a encontrar a aquellos que por una casualidad del destino, se toparon con esa tiendita, con ese dependiente, y con ese monton de casualidades. Porque yo creo que incluso al dependiente le da igual vender o no, lo que le importa es que la gente entre, encuentre y lea, y se zambuya en eso tan hermoso que es la literatura. Y es que esos lugares existen, y da igual que no tengan el último libro de cualquier autor moderno. Están los viejos, esos que pesan, esos que muchos utilizan para sostener la pata de una mesa vieja o que tienen para adornar la mesita de noche. Y me da igual que haya quienes prefieran traducciones mejores, ¿y la belleza?. Seguro que Baudelaire sería feliz viendo sus poetas por ahí, casi sin pastas, con pequeños rasgones, con páginas marcadas, con olor a como a barro. Imagino a Cortázar por alli y se me llenan la cuenca de los ojos, el aire se me echa para atrás de los pulmones y me bailan las piernas.
En fin, esto es como un homenaje. Un homenaje que en Málaga no puede ser porque en esta ciudad no hay lugares como ese, sacado de novelas... Va por la tienda "Gulliver" de Barcelona, por ese pequeño rincón que tantas veces me ha hecho sentirme libre.
Va por los viejos, los pochos, los olvidados. Por los libros.
Porque si.

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