14.12.08

esdarlasgraciassindar

Cuando me dijiste, en Milán, que a veces todo llegaba por sorpresa, sin darnos cuenta, sin tiempo a reaccionar, pensé que lo decías de pasada, como quien dice algo al encontrar a alguien en la cola del tranvía o en la esquina típica donde alguna vez nos hemos encontrado para tomar juntos el autobus rumbo a aquellas montañas que tan lindas se ven desde abajo pero que luego, al llegar a la cima, piensas "¿en serio eran estas, tan altas, tan majestuosas?". Pero ayer, y aquella vez que parecías ensimismado recordando recetas para impresionarme (tendremos que inventar un nombre para este juego de cocineros inspirados) o intentando quedarte con la receta de la tartaleta de cuajada con limón, me pareciste alguien que brillaba con luz propia, lejos de ser quien eres frente a alguien que adoro. Es una sensación que me han ido transmitiendo conforme nuestras payasadas de niños se juntaban y hacian algo grande; y es que pocas veces me he sentido tan cómoda sacando a Cocochufleta a pasear con su nariz de payaso y sus formas, si no es con la mano de drododó o el payaso "adulto" del que estás hecho. Y me pareció melancólico y triste separarme de aquella forma contigo, al recibir una mirada que llevaba minutos intentando disuadir. Y es que siempre me han parecido tan posesivas las miradas de quienes no entienden que hay momentos que no se pueden controlar... Y a punto estuve de cambiar el rumbo de los besos y tirarle piedras de verdad a esas manecillas de reloj. Joder, ¿te das cuenta qué estoy diciendo?
Ahora, después de la conversa en la lluvia de ayer, cuando fuimos los únicos capaces de tirarnos a aquel charco y reir como niños, y ser salvajes como hombres, te miré y encontré a un amigo. Un Amigo. Alguien que he visto tan pocas veces como mi memoria es capaz de acordarse, del que ni siquiera sé el apellido, pero que comparte, conmigo, su pasión por las cosas. Y es bárbaro verte ahora como la preposición necesaria que une frases y cosas en consecuencia a algo (y no como la preposición DE alguien).
¿Te confieso algo? me ví sonreir por dentro, tras aquellas palabras que dijiste sobre tu opinión a cerca de alguien que nadie más que tú se atrevió a opinar. Será amor de anarquistas, ya lo dijiste tú anoche. Qué bueno, drododó, que estuvieras ahí cuando quería largarme y nadie más se atrevía a romper el protocolo. Que bueno que haya compañeros que acompañan en los momentos de cagarlo todo. Gracias.
Pero aún casi que me cuesta la frase de Milán porque eso significaría que tú y yo... llegamos a un acuerdo sin ponernos de acuerdo y que ambos llegamos a hacer de nuestras miradas un camino vertical...
Aún tengo el sabor del flan de frutos rojos que me contabas en el bar, con tanto ruido para acabar haciendo la trompeta y reirnos a gritos.





Y esto no lo leerás nunca, ¿verdad?

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Mis mejores deseos para tí:

Que el eterno Sol te ilumine,

que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*

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