30.11.08
dalealrec*
Recuerdo la muerte gráfica en aquella película de Salvador Puìg y la boca me sabe a sangre, y ni siquiera sientos ganas de llorar porque creo que al final de verla, se me acabaron todas las lágrimas existentes. Me he acordado de él en el autobus. Es curioso, un pensamiento que no tenía nada que ver con nada. Como siempre (bien se sabe que eso es un gran mentira, todo está unido, todo es un círculo, un eslabón, una unión...). Un pensamiento que es parecido a ese que tuve anoche, a las tres de la mañana, metida en la cama, a punto de cerrar los ojos, sobre ese sabor a café y aquellos ojos que me daban los buenos días por primera vez y desde entonces hicieron que aquella maldita cocina tuviera un poco más de existencia. Es curioso los pensamientos... Nada más entrar por la puerta de mi habitación, sentí el olor del trocito de tomillo que días antes metí en el bolsillo de mi cazadora, y lo fui a buscar y justo entonces, ¡aparece! aquel pequeño Superman destartalado y roto que me encontré al lado del vespino más divertido que he visto en mi vida. Me he reido (no podía ser de otra forma), pensando en por qué lo guardé si a mi Superman... y está medio roto! Pero es hermoso. Tiene algo, no sé qué es. Quizás el recuerdo de alguien impregnado en ese traje casi verde, ya regastado, o la viva imagen de ser el tesoro de cualquier niño de los de antes (de los que jugaban con muñecos), de los de verdad, no esos pequeños monstruos de ahora... Recuerdos, que a veces vienen por esencias que se huelen o por colores, como aquel jersey amarillo de aquella mujer del autobus que me recordó a Milán y a Toña. En fin, recuerdos, es hermoso recordar. Al menos siempre quedan los recuerdos... ¿no?
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Mis mejores deseos para tí:
Que el eterno Sol te ilumine,
que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*
que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*

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