Repleta de luz, como si el mismo astro rey se derritiera en ella y llenara de brillo todos sus rincones. Me conecté, sabiendo que un hilo de seda cargado de nutrientes me cosía a ella para darme el color, el sabor, el aliento. Lloré, frente aquel trozo de piedra con alma, frente a todos aquellos buscadores, navegantes de un sin fin de mares cargados de dudas; lloré como el primer segundo de mi vida en el que unos brazos me agarraron para no caer y dejaron que mi respiración se acompasara con la de mi madre humana. Si, me emocioné porque justo delante de esa imagen paré el mundo, lo besé y di las gracias. Y segundos después, senti que ese aire que me tocaba la cara venía de otro lugar, de más arriba...

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