De cómo los locos siempre acaban encontrándose. Y las miradas se entralazan en mundos que no tienen billete de ida ni de vuelta, pero que están ahí, susistiendo, construyéndose con un simple giro de mueca.
Hay psicópatas dispuestos a prostituirse por una mirada de placer, de ésas por cualquier sombra barata, dispuesta a amar y buscar pasión donde no hay nada, con un solo deseo, con un único placer...
Cuando se encuentran, hay entonces un estrepitoso centellear en el hueco exacto donde todo existe, en los ojos de alguien que mira y al mirar, saca la lengua pasándosela por los labios sinuosos, expectantes, como si un hielo se rompiera en gotas de agua al contacto de su calor...

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