De causalidad, como ocurren las cosas increibles de la vida, mientras el aire nos azotaba con fuerza y nos llevaba, en volandas, me la encontré. La vida, o quién sabe que, nos puso en el camino la una de la otra, como a un regalo. Era una tarde cualquiera y ya digo que hacía mucho viento... De tanto que hacía era casi insoportable caminar. Mientras buscaba algo material que me hacía falta, apareció ella para ayudarme. Tenía ese halo maternal que tienen las mujeres de mediana edad, gorditas, bondadosas, pequeñas. Hermosa!! su sonrisa eres increiblemente hermosa. Si fuera cristiana, diría que era un ángel puesta ahí para agarrarme el alma! Cuando fuí a pagar supe que algo ocurría. Encontré en su taburete un hoja de árbol perfecta, bella. Ahí comenzó todo. Ella me habló de su experiencia sobre abrazar árboles de una manera tan real que por empatia, por haber vivido éso, algo tan sagrado y tan personal, y por saber lo que sintió, acabamos abrazadas, emocionadas... extasiadas!!! llorando como niñas. Éramos una. Éramos esa prolongación hermosas de las raíces de la Madre Tierra hablando sobre su origen, en una puesta de sol, en una tarde de aire, siendo tan diferentes... Éramos las hijas de una Madre que nos alienta a seguir el camino en conexión con ella.
Si... éramos el recipiente mortal, lo más humilde y frágil del espíritu de la protectora de la vida!!!

1 comentario:
Rooosa, no te encuentro en FB!
Me alegro que estés bien
Un gran abrazo!
Piro
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