Abrirse en canal la garganta y en mitad de una montaña, gritar como si fuera tu último minuto. Sentir que ése minuto, se cuenta toda tu historia y en ésa historia van todas tus recuerdos atragantados. Ver como ésas ganas de mandarlo todo a la mierda vuelan en el aire como un esputo segundos después de ése grito; y todos ésos miedos, y todas ésas dudas, y todas esa putas preguntas que te taladran el cerebro las noches de insomnio se esfuman de ti como vapor que sale de tu boca.
Estás desnuda, a dos grados bajo cero en mitad de la montaña y totalmente a oscuras.
Todo es negro pero no lo sientes así. Un segundo después ves una luz pequeñita atravesando el cielo.
Da gracias. No existen los milagros, ni la suerte. Solo estás tú.

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