Asesinaría los relojes uno por uno. Sobretodo de noche, cuando parezco aprendiz de insomne y lo único que hago es tragar techo y atragantarme a ilusiones. Cuando despierto por las mañanas el sol ya arde y soy una zombie. No sé qué está ocurriendo ultimamente con mis ojos, parece que me mordió un murciélago. Será que me cuelo a ratos, en la pelea de los vientos y espio cómo se forma la aurora boreal naciendo madrugada. Ojalá pariera ideas nuevas para acabar la novela. Ojalá pudiera caminar por las agua, colarme en otros rincones y otras historias y sentarme en aquella calita de verano para sentir la sala en la piel.
Pum pum... siento que las horas se acumulan. Van formando laberintos, montones de cosas amontonadas. Me pitan los oídos. Me cuelo dentro y me pitan los oídos, si.
Detesto las despedidas, las horas que se avivan, el ambiente que se palpa días antes... Las manos se me agrietan y estudio las líneas de mi mano, parecen otras. Trato de así, evadirme camino a casa en esa lata con ruedas llenita de tictactictactictactictactictactictactic...
Agranda mi visión, Vida. No dejes que mate de aquella forma las horas...

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