"Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio"...
Ayer de madrugada volví a leer estas palabras del viejo lobo Cortázar, tras una noche en la que hubo encuentros (tras un día de intensidad máxima) de viejos amigos y recuerdos. En la noche estuve hablando precisamente de esto, de no elegir el amor... de ser presos de sus garras dulces (o letales a veces) y no poder evitar enamorarse de la vida cuando amas, quieres, deseas a alguien. Les decía a mis amigos que aunque yo cree sinceramente en que el ser humano es bisexual porque las sensaciones no pueden encasillarse, entiendo tambien que haya personas como ellos que necesiten llamarse a sí mismos "homosexual o heterosexual". Lo curioso es que, aunque yo sienta respeto hacia ellos (en este caso dos lesbianas y un gay), ellos tenían ciertas dudas para conmigo en cuanto al término "bisexual=vicio". Suele pasar, el mundo es así: tratas de tener empatía y encuentras lo contrario hacia la reciprocidad... Al final, todo acabó con una exaltación tipo "siendo bisexual tienes donde elegir mejor, ojalá lo fuera" y una contestación por mi parte tipo "el problema de ser bisexual es principalmente que la gente se niega y te ve como un vicio con patas, no como alguien que siente, que ama, que se ilusiona... ".
En la madrugada, cuando Julio Cortázar entró en mis ojos y los completó una vez más, sentí que lo peor no era la gente o esa sensación de ir por la vida sabiendo que otros te prejuzgan, sabiendo que el ser humano necesita comprender, simplificar, agarrar, violentar cosas sagradas como el amor para creerse dueño y no sentir la verdad en estado puro (algo así como el amor nos posee y nos devuelve y nos recuerda lo que somos)... Lo peor no es ver que te sientes lejos de una orilla y de otra, en un mar de sensaciones que por momentos te superan y te hacen ver lo que eres... Lo peor, como le escribí en un impulso de soledad a esta misma amiga que me dijo eso horas antes, es sentir que dos seres humanos te comen el alma y no poder estar cerca de ninguno.

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