De repente parar, cerrar los ojos y abandonar(te). Escuchas entonces tu respiración agitada. Sientes los nervios bailando en tu cuerpo, queriendo palpitar en tu corazón y hacer de las venas un río de histeria. Oyes a la gente gritar sin cesar como lo hacías segundos antes de obligarte a abandonar ése estado con este "parón". Oyes sus cacerolas, sus gritos de "sin vergüenza", los cánticos que te has encargado de gritar tú tambien durante estas cinco horas al sol... Escuchas sirenas de vez en cuando, el tráfico detrás de tí, el helicóptero que sorprendentemente os vigila desde arriba, la policía que trata de calmar la tensión... Incluso, sientes, si te concentras mucho, la respiración de todos tus compañeros a los que el corazón les late fuerte y al unísono. Y abres los ojos y sin oír ya nada ni a nadie, ves todo lo que allí, frente al ayuntamiento de esta ciudad extraña, está sucediendo.Pero esta vez lo ves diferente. Estás lejos aunque estés allí mismo! aunque tus ojos puedan palpar los gritos, aunque puedas sentir la tensión separada por una fina capa de miedo. Y no quieres sentir odio, ni te lo aceptas. No quieres más violencia en tu cuerpo. "Solo pides justicia", te recuerdas... Pero en tu cabeza se te acumulan millones de preguntas a los que en ésos momentos no encuentras respuesta (¿y qué es lo justo? ¿nos equivocamos? ¿qué pensarán? ¿sienten algo?...). Y mientras todo esto ocurre en tu cuerpo, fuera de él hay alguien que te observa desde lejos, desde arriba, junto a tí... yo que sé, te observa, te escruta con la mirada y se pregunta cosas de tí. Te desafía a que le mantengas tu mirada de loba. Y aunque lo haces, sientes que algo ha cambiado en ella...
Yo no soy como vosotros. Yo tengo humanidad y humildad en mis ojos.
Ojalá la vida os limpie de todas vuestras vergüenzas, personasdiablo*.

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