Me siento a la deriva con este vaivén de nostalgia y torpes costumbres que me anclan. Sonámbula y transparente, en días en los que una palabra lejana se apodera de mí y no me suelta. En una palabra que podría sanar y vivir... y que en el fondo no empieza con una llamada que se alarga horas y un sin fin de tonos a los que no contesta nadie.
No entiendo qué ha de hacerse cuando una siente que sus manos están atadas a un montón de circunstancias que se remolinan y no paran de crear días nublados o de lluvía como este de hoy.
Necesito algún alimento que me agarre a la tierra y me dé agarre para ampararme del viento y no salir por los aires.
Y que se acabe esta maldita lluvia ya, hostias...

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