Me gustaría entrar en su vida. Quién sabe... Entrar sin hace ruido y quedarme a observala durante un buen rato o todo el tiempo del mundo. Sin prisas. Sin intenciones traicionadas por el apego, el egoismo o la impaciencia. Observar, en silencio, sin decir más que reflejar una sonrisa en mi cara el tiempo que se me permita. Y no estoy diciendo que quiera entrar en su vida para quedarme dentro, solo que, me gusta la sensación que me provoca en la boca del estómago o un poco más arriba, en algo que me imagino como un tubito que une el corazón con las tripas y que resulta como un nudo en tantas tardes como esta de té, lluvia y soledad o vacío. Me gustaría entrar en su vida porque la primera vez que le miré a los ojos, supe que íbamos a entendernos por dentro. Más allá de lo común, de los parecidos, de las miradas igualadas hacia el horizonte, sé, quizás con una certeza un poco extraña, que de alguna forma nos encontramos en el camino porque necesitábamos eso... Y claro, soy de las que piensan que la vida te pone delante a quien necesitas, independiente de la relación-persona que sea. Pero con él es algo diferente... algo que solo me ha pasado con unas cuantas personitas deliciosas, si, d e l i c i o s a s*, que forman una parte importántisima en mi y que me llenan aunque quizás no estén tan presentes físicamente como quisiera. Aunque estén en Saturno como él y haga tanto calor allí, que tenga que ir casi en camiseta corta de... Amelie Poulain, por ejemplo, o... en bicicleta para coger un poco de viento y poder volar monte hacia arriba, hacia la cuesta del cielo... y yo, en el otro polo, justo hacia abajo, tiritando de frío o de fiebre, y con unos calcetines de lana hasta las rodillas.
Debería de saberlo, no? Debería de saber que Él es importante aún sin saberlo... y que quizás las señales siempre acaban uniendose a las personas importantes.

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