Un simple mensaje y mis manos parecen que tiemblan.
Estás allí, a no se cuantos kilómetros de aqui, en tu tejado. Con los pies fríos, tomando bourbon, viendo el cielo convertirse en colores mientras abajo, en la calle, explotan petardos porque llegan las Fallas. Sola, pensando... pensando pensando pensando en vetetuasaberqué. Y un cóndor. Te pido que cierres los ojos y dices que ves un cóndor. Nuestro cóndor. Respira...
Te echo de menos. Mucho. Ni te imaginas cuánto. Desde el preciso momento en que llegamos al aeropuerto y te ví salir del avión tan despistada como siempre y entonces, ni la pila de maletas que todos recogían me podían hacer distraer de ese pensamiento que ya me comia por dentro, atravesándo los pulmones y obstruyendome la garganta... Dios, aún teniéndote delante ya te echaba de menos. Y entonces... Valencia de nuevo y yo Málaga. Diablos. Nuestra Argentina, si, la tuya y la mia, se quedó ahi, grabadita pal resto de la vida, entre las montañas y aquel rio... y sobretodo, bajo nuestra piel y aquel cóndor, nuestro cóndor. Y entonces, mensajes y noches como éstas en la que, Llum vuelve. Y vuelves, preciosa, porque nuestra amistad supongo que va más allá de todas estas olas que nos separan... no es eso? Y yo desde aqui y tú desde allí y Argentina, mirándonos... y joder, ven, ven ven ven ven ven

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