En la habitación
no se oía otro sonido que la respiración candenciosa y profunda de Pablo,
como la nana que se canta en voz baja a un niño,
como el vaivén de una mecedora,
como el tictac de un viejo relojd cuando no se tiene por qué ir a ninguna parte...
Era un sonido que extrañamente me devolvía algo que tiempo atrás me quitaron.
Era un sonido reconfortante...

No hay comentarios:
Publicar un comentario