Otra vez el flamenco llenando nuestros oídos de gracia. Otra vez esa sensación de libertad mirando las estrellas después de una noche llena de risas. Otra vez esa sensación de punzada en el alma... Y perderse en la infinidad del cosmos, frente a la playa, esta vez si una mirada que la parase. Me siento viva. Viva, como nunca, cuando escucho un quejío de quienes cambian el mundo con unas coplillas; viva, de guitarra, de palmeo, de hechizo. Viva porque sentir el frío en mi cara, el vacío de calles a las cinco y media de la mañana un día de diario, me encanta y me despiertan ganas de no irme a dormir nunca. Viva por estallar llenita de detalles, y poder captarlos constantemente.
Si... Otra vez el flamenco corriendo por nuestras vibraciones internas y hechizándonos con esa alegría que como, cualquier expresión artística, necesita compartirse; y se baila, se canta aunque no se sepa, se palmea, se respira, se rie, se juega, se besa...
Y al final, acabas recibiendo un mensaje de móvil, quedándote perpleja, y ries; justito alguien comenzó la canción "y hubo alguien" y crees que hay cosas que no son de casualidad... Buscas una mirada entonces, unos ojos, y los encuentras, siempre los encuentras. Te sonríen. Te preguntan. Te acarician. Te esperan. Y de lejos haces una mueca de payaso para indicar que todo va bien, que el mensaje ha sido un fantasma, algo que jamás sucedió. Y que estás feliz de que el tiempo todo lo ponga en su lugar. Así entonces, la noche es más perfecta porque el Hechizo es el flamenco del alma de la noche.

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