Vamos abre la maldita puerta. Anda rápido.
Cuidado con los anillos que se te caen en medio de la carretera. Idiota. No los ves, putas lágrimas. Sal corriendo.
¡Ésas lágrimas! Que no te vea llorar, que a ver si le da por ser buena conciencia y sale corriendo detrás de ti, te para y te dice "perdona, no se qué me pasa. Lo siento". Que las lágrimas te las guardes para luego, joder. Cuando llegues a casa. Cuando subas el ascensor y te mires los ojos encharcaditos de pena, cuando te metas en la ducha y te despojes de todo lo que tienes por dentro, de tanto dolor, de tanta angustia y salgas arrugada, tiritando por dentro, tambaleándote de (des)esperanzas y con "fin" en tu boca, con frío en las manos y esas pocas ganas de dormir a esas horas, cuando el sol está por salir. ¡Que te guardes esas lágrimas de una vez, pavota!
Que nadie se las merece, maldita sea...

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