A veces no queda otra que esconderse las palabras debajo de la lengua e ir tragándolas poquito a poquito mientras recibes otras palabras desde otros labios, no? Quiero decir que a veces, hay palabras que matan palabras y entonces, ¿para qué decírlas? Ya no ha coherencias, ni sinceridades. Ya no hay nada.
Desilusión me ha venído a ver esta mañana por la mañana, bien temprano, antes que saliera el sol. Y yo me he puesto a escucharla pa ver qué me dice pero nada, no decía nada; solo me miraba y me miraba con esa cara que tiene ella de deshacer los nudos y dejarlos despojados de toda esperanza de arreglarlos. Y en esos momentos, sólo puedo quedármela mirandola y tragarme mi orgullo de bestia parda, y seguir respirando, pa darle un poquito esquinazo y dormir un poco, un poco, si...
Dicen que la peor sensación es la impotencia. Yo diría que para completar tanto dolor está el desamor que es fuego por dentro pero del de verdad, el que no te deja ni boca abierta pa respirar y entonces, te ahogas... ¡te ahogas!.
Te ahogas joder, y eso es lo peor... ¿Tú saber como es vivir ahogado?

No hay comentarios:
Publicar un comentario