Cuando el amor es de verdad, el sexo se convierte en una lucha contra la carne.Lo había sentido alguna vez, pero nunca de forma tan desgarradora. Por fuerte que fuera el abrazo, siempre estaba la carne, separándonos. Y por eso los besos desesperados, y por eso las caricias buscando grietas por donde colarse el alma. Fracasando cada vez, y sin embargo era ese fracaso, esa imposibilidad de tenernos completamente, lo que convertía aquel acto en sublime y nos unía de verdad... Nos miramos y decidimos mandarlo a la mierda todo de forma radical. De cabeza. Nunca nuestro amor se convertiría en tibieza. Prometimos que cuando nuestros sentimientos empezasen a enfriarse, nos separaríamos, sin explicación alguna que mintiese un porqué. Para mantener el recuerdo intacto. Para salvar nuestro amor de nosotros mismos. Mejor querernos sin tenernos que abrazarnos sin ansias.
"No me importaría morir ahora mismo... sería mejor que vivir olvidando lentamente cómo se eriza mi bello cuando me besas los ojos"
El Pacto.
Alberto Torres

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