De repente aparece una luz en el teléfono movil y vuelve el dolor de tripas de hace unos dias. Bah, ya no importa que tenga regalos para mi ese maldito aparato. Por otro lado está el deseo, y la imagen contínua de los ojos de alguien que se me clava aqui abajo, como debajo del ombligo. Su conversación , la idea de cambio, la forma de mirarme... Menudo frío. Y es que si no te mueves, no sientes las cadenas. Que manera de respirar la de anoche, ¿eh? Y qué café con tantas pesadillas. Y ahora estoy en Lhasa, escuchando el gong de millones de monjes exiliados que se escapan del silencio, joder, ¿por qué hay olvido? ¿por qué cornos siempre tenemos que olvidarnos de los derechos? Bendito Dalai Lama, hermoso fuego bajo la nieve.
En fin.
Qué caótica estoy en este tiempo. Maldito invierno...

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