Quería ser la boca de su boca. La miel, la nube, el sol, el agua.
Quería beberse uno a uno los sueños de sus ojos.
Quería no tener miedo y agrandar horizontes sin fronteras de su cabeza a sus manos, para que no le dolieran.
Quería tener cuna en el estómago para escuchar de sus vísceras algo de cuadro.
Quería sospechar que la muerte no era más que un principio de gloria.
Quería sucumbir a los encantos del veneno que traían aquellos ojos de pupilas desiertas.
Queria amar con locura la frente, el sexo, las pestañas de aquel ser del silencio.
Quería odiar hasta la ultima gota de lluvia que cayera de su alma.
Quería bailar, danzar con el sol y sus musas.
Quería,
pero se dió cuenta que la vida no era querer y entonces... quiso despertar,
y no le dejaron.

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