Te echo de menos.... Dios, ahora me gustaría abrazarte. Me siento sola, desprotegida, a pesar de que ahora mismo en el coche conduce Aussy y de copiloto va María (que engulle la única parte de comida que nos ha correspondido hoy, un yoghurt que yo tuve que dar a unos ojos que me lo pedían conforme me subía al coche).
Es de noche. Es de noche y todos sudamos como en esta mañana bajo el sol. Vamos por carretera y aquí no hay ninguna luz. Las autoridades Senegalesas están en la frontera, esperando yo que sé a quién. Hay un lío. Un lio gordo. Tengo miedo por todos, por los otros, por aquella niña... Dios, no tengo miedo por mí, lo juro. Siento rabia, una rabia visceral. Una rabia que se alimenta de mis entrañas y me hace querer morir a gritos. Maldita sea. Maldita sea la ONU, maldita sea la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.
Cariño, ojalá te llegara todo esto. Ojala pudieras leer mi interior o mi cabeza, o mis pupilas, y hacerte párticipe de todo esto... Tengo hambre, calor, y me duele el estómago de no comer. Llevo días sin llevarme algo sustancial al estómago y anoche lo pude notar mientras vomitaba aire...
El día de hoy ha sido horrible... Horrible. En mis manos ha caído una flor delicada y preciosa y luego... Dios. Ha muerto de malaria y hepatitis en mis manos, Fran, y no he podido hacer nada! Se me ha quedado mirando y ha sido como sentir que salía volando por encima de mi cabeza, hacia algún lugar. Y la madre lo ha sabido y me la ha quitado de las manos, supongo que para despedirse, y... Dios. Dónde demonios tengo que tener la valentía? Me siento cobarde, atónita.
Lo que por momentos más me duele es la impotencia. La impotencia de que esos cabrones viven en la absoluta ignorancia y todo esto les da igual.
Ay. Ahora mismo desearía no estar en tierra africanas y poder abrazarte. Daría mi vida por una ducha, un plato caliente (aunque sea un poquito de pan con queso...) y poder mirarte, sonreirte, abrazarte y hacer el amor durante días. ¡Y dormir! que no duermo desde...
Que dificil es todo aquí... Pero que maravilloso. Si vieras la cara de los niños al recibir el material. O el sol, o la luna ahora frente al coche. Joder, he llorado de felicidad tantas veces aqui (tanto o más como de rabia)... Que mis ojos están llenitos.
En fin, ojalá ahora mismo te llegara todo esto y supieras que eres la persona más importante de mis días. Y que amo esta gente, y a esta tierra que nos bendice.
Senegal, 12 Octubre 2007,

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