Todo ha sido tan rápido...
Te has ido y me has dejado aquí, tratando de encajar el golpe.
La vida se ha desquebrajado. El cielo parece que se ha roto y me han caído todos sus cristales.
Estoy hundida. Me siento rota. Ya no hay apenas luz...
La vida se ha parado, se ha quedado quieta en mi, en esta calle, en nuestro bar, en toda esta gente... Es como si algo pegajoso y oscuro hubiera agarrado todo... Como si después de ti, no hubiera nada. Todos están zombies. Todos miran tratando de encontrarte, de verte llegar... Y yo les miro y a penas te veo, y ni siquiera sé si ellos te ven si me miran.
Faltas... Dios, son dos días y faltas. Tú y tu sonrisa de gigante. Tus rizos, tus comentarios en el momento adecuado, tu sensibilidad. Faltas todo tú, incluso tus manías. Las risas en la moto, los momentos al sol... Tu mirada... Tus inmensa mirada que todo lo sentía, que todo lo intuía.
Tengo una pena inmensa y un dolor que desconozco. Me duele por dentro algo y no se qué es, pero me destroza por las noches y me da náuseas.
Me ahogo.
Mi vida también se paró cuando te desconectaron, tan fugaz, de aquella máquina.
Mi vida se vació cuando encajé que jamás volvería a verte más. Pero no te he soltado.
No nos* soltaremos jamás.
...
Siento que nada tiene sentido.
Y te echo de menos...
Fuiste de las mejores personas que han pasado por mi vida, que se han quedado en ella y me han hecho feliz; que he tenido la bendición hermosa de tener cerca y que he querido, respetado y sentido como a pocos, como a nadie. Siempre, y lo sabes, nos hemos comprendido sin hablar. Mírame, estés donde estés, tengo cosas que decirte aún... Ven y sálvame, esto es una mierda sin ti.
En tu maldita misa debió de sonar ac/dc...
Lo siento, mi cuerpo no respondia.
Buen viaje, budita*. Que tu vuelo sea grandioso.
Hasta la próxima vida, compañero.
Namasté.

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