Mientras él preparaba la cocaína, ella le acariciaba nerviosa la entrepierna.Un par de rayas para sentir "el éxtasis de la vida", solia decir su camello, y por qué no, hoy también había tenido un mal día y salirse un poco no vendría mal. Colocaba la droga siempre con mucho cuidado, ni un gramo fuera, ninguno desperdiciado. Preparó la raya con ansia y se la metió como si tras de sí el mundo se acabara, apunto del orgasmo. Después le comió la boca a ella mientras le pasaba el canuto. Mientras ella esnifaba, suspiró. Sentía como su corazón comenzaba a latir de nuevo...
Follaron como bestias. Sintiendo como colores salian de su piel hacia el techo, estallando. Casi ni respiraban, o al menos, no podían diferenciar la respiración del bombeo del corazón. Eran animales. Fieras salvajes. Bestias pardas. Libres.
Y había sangre, flujos, sudor, dolor y placer, por todas partes y un olor parecido al azufre...

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