22.2.12

De repente ha estallado un huracán y todo ha empezado a volar por los aires. Con fuerza, todo ha salido violentado, disparado, hacia todas las direcciones. Sin ningún punto fijo, nada dónde agarrarse. Nada donde buscar un poco de tierra y abrazarla con todos tus huesos, para no salir volando, también. Nada donde esconder los pequeños-preciosos tesoros, donde guardar los pocos recuerdos materiales, o un poquito la vida. Todo ha salido volando, sin remedio. Era inevitable sentir la fuerza del viento primero a nuestras espaldas, después por todas partes, batallando. Era inevitable sentirse morir en cada intento fallido. Si... Porqué no; también era hermoso sentir que aún quedaban fuerzas, poquitas, pero ahí estaban, aguantando; y observar las sensaciones, al principio, sabiendo que lo mejor de mi salía en cada momento difícil, más y más, intentando tomar la dirección de un viento indomable, cada vez más brutal...
No fué suficiente.
Todo ha salido por los aires. Y ni siquiera he podido remediar estallar en llanto como hacia muchísimo no lo hacía... Ni siquiera he podido controlar la locura y deshacerme en pellejos y añicos. Abrumada desde el dolor, con los ojos cerrados, ahógandome, algo me ha hecho abrir los ojos y ver el cielo. No recuerdo haber llorado así, tras años.
Queriendome calmar, algo me ha encontrado y ha sido como sentir un segundo de paz, desde ahí. Lo he comprendido.
Si.
Lo siento. Siento ser tan débil; siento dejarme llevar una y otra vez por las aguas, querer controlarlo todo y sentirme pequeña cuando no lo consigo... He comprendido que lo que hago, también sirve, tan bien vale. Que soy roca, fénix, montaña. Que yo también soy viento, soy ése aire que fluye con otros aires, aunque sean bien feroces y feos, aunque no tenga dirección por momentos. Aunque me entre el miedo y lo olvide. Que tengo lo que necesito para ser feliz, que la vida, el cosmos, la Madre Tierra, los dioses, los días, yo misma! me lo da y que no importa dónde acaben viviendo mis huesos, lo importante es que conozco lo verdaderamente importante.

Ahora, el huracán se ha ido alejando poquito a poco. Pero aún lo veo, aún está ahi. Aún me da miedo... Ahora puedo recorrer con el dedo en el aire su forma, comprender su magnitud, aprender de la raíz de su fuerza y hacer balance de las heridas que ha dejado...
Aunque hay algo que me dice que no se alejará del todo todavía.

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Mis mejores deseos para tí:

Que el eterno Sol te ilumine,

que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*

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