
Saltó del coche casi en marcha.
El sol aún no se había marchado del todo.
Comenzó a correr. Acabó haciendolo en círculos.
Movía las manos hacia arriba con espasmos.
Parecía bailar de lejos...
pero en realidad alguien se había marchado para siempre a miles de kilómetros de allí,
la cordillera de los Andes,
y ella estaba triste, sola, loca, a penas celebrando los años que estuvieron en el mismo punto del camino, con tristeza, pero con la absoluta sensación que mirando ésa imagen se vería para siempre caminando con ella en algún punto de aquel gris marciano...

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