A veces me gusta perderme por las calles de esta ciudad que durante la noche me resulta más hermosa, con sus rincones teatrales y sus vidas de películas. La mayoría de ésas veces, si mi estado de ánimo es favorable (como diría un capitán de barco que conozco) voy con música y cantando, parándome a ratos a escribir o a mirar. Otras veces no, hay momentos en los que los mil demonios me atrapan y no hay música, ni letras, ni miradas amables.
Hace un par de días fué de ésas veces. Iba caminando creyéndome extraterrestre, fuera de este tiempo, aunque sabiendo en él; queriéndome ir de todo este espacio, cuando de repente, un chaval de manos grandes y salido de la nada, frente a la catedral, me tapa los ojos por detrás y me abraza. Flipada, rehuyo de sus manos y al darse cuenta de quién era, o sea, ninguna cara conocida, sonríe tímidamente, me pide disculpas por la confusión y sale corriendo negando la cabeza conforme se iba. (...........................) Y yo me quedo parada, mirándole, con ganas de llorar. Claro, después estallo... Todo lo que necesitaba, todo lo que ése día de alguna forma me había pedido mi cuerpo, para no sentirme tan pequeñita, ni tan alejada de todo, ni tan fugaz, después de un día taaaan gris era un abrazo; un sencillo y silencioso abrazo, y solo se da cuenta un extraño desconocido que además lo hace por una confusión, y ni siquiera es consciente de lo que su "meteduradepata" ha conseguido.
En fin, pedir abrazos no es suficiente ¿?
Feliz Navidad...¿?¿?

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