ha llegado el momento.
Estoy nerviosa, ansiosa, en standby, sin saber muy bien para donde ir o qué decir... Sin saber muy bien qué va a pasar...
Esta mañana a punto del colapso emocional, pensando en todo esto, me he reído a carcajadas, pues después de todo, he esperando muchos días el momento en el que se abra la puerta de un portazo seguido de unas risas y millones de aventuras y todo encaje en el sitio que se creó, y de repente, de sorpresa, mientras estaba en ésas pensando e imaginando, y un poco triste, la verdad, han llamado al timbre y ha resonado tan fuerte que no he sabido qué era y me he quedado casi en shock, sin saber muy bien si abrir o echar a correr hacia la ventana. Quizá es que esperaba otras maneras, o que no asimilo bien la levadura de golpe pero... me siento como si me hubieran sacado de un bosque de repente y me llevaran a la ciudad más iluminada del mundo en la que casi no se puede ni mirar y quiero mirar pero no me sale... o no puedo, o no sé.
Todo debería de ser natural. Las despedidas, los encuentros, las ilusiones... pero hoy siento que vivo en un escaparate continuo en el que, de vez en cuando, se hacen teatrillos para divertir.
Y me encantan las sorpresas, ¿de veras que alguien todavía no lo sabe? y si es así, ¿por qué entonces nadie me sorprende?.
Mierda, mierda, mierda.
A veces las cosas no, no son como imaginamos... ¿no es eso?

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