Entre mis aspiraciones no está tener un coche nuevo al que tengas que asegurar con una de las tres opciones que te dan (a cual más robo), para estar pagando antes la seguridad de algo que todavía no es tuyo que lo tuyo en sí, porque no vas a tener dinero para pagar tanto... Tampoco está firmar unos papeles frente a un señor que te mide según los errores que hayas cometido, jurando amor eterno a una persona que ni siquiera sientes como compañera de viaje en esa "eternidad".
Juzgame. No me importa. A estas alturas, tengo bien claro qué es lo que quiero y está claro que un coche, una hipoteca, una familia y un perro no son las opciones que he elegido. De todas, prefiero ir andando por clavos ardiendo ante la posible sensación de libertad; de no pertenecer a ese círculo aborregado materialista que campa a escaladas por todos lados. Prefiero tener aspiraciones más sencillas, más armónicas, menos cínicas. Si, creéme, decir "mejor no me cuentes esas cosas, prefiero vivir mi vida, tal como es, con la vida de otros... y en esa vida poco me importa qué esté pasando fuera de ella o en el mundo, que ya bastante tengo yo con todo estos problemas", a mi me huele a cinismo egoista... Y no te juzgo, no os juzgo, a mi me da igual. Llegará un momento en que de nada te valga todos esos parches que has ido poniendo en tu espíritu porque las aguas se agrandarán y el embalse por algún lado tiene que romperse...
Cultiva tu mente. Sana tu espíritu. Déjate fluir con los ritmos de la vida y sobretodo, encaja tu corazón con el ritmo que la Tierra y sus ciclos da. No tiene sentido trabajar, estudiar o seguir tu meta materialista si ni siquiera sabes quién eres. Quién sabe, igual mañana cuando estés en la cama tu último pensamiento antes de morir sin que te des cuenta, será preguntarte "¿y por qué no lo hice?".
Somos todo lo que queremos ser, no lo que nos dicen que seamos.
Buena siembra...

No hay comentarios:
Publicar un comentario