He aprendido que las sensaciones y los recuerdos no pueden encasillarse. Hay veces que no se puede decir es esto, y esto otro, y esto, dándole adjetivos, adverbios o verbos a algo que trasciende todo lo que creemos ser. Sobretodo he comprendido que no se le puede poner tiempo a lo que se siente porque el tiempo es algo mal inventado y las sensaciones no tienen nada que ver con inventos o falsas realidades; son algo innato, sagrado, infinito... Así que, pese a que a veces crea que no, este verano ha sido una experiencia de aprendizaje sobre lo que me hace ser las sensaciones y sobre cosas que se me escapaban y no entendía de mí misma. Una vez más, quizás, he aprendido que hay cosas en mí que no tienen fronteras, ni esquemas, ni excusas. Que no lo necesitan. Que para qué. Es eso, y ya está. ¿Por qué buscar más sobre razones pudiendo disfrutar de lo que me muestran? Hoy por hoy creo que somos más de lo que creemos ser... Así que, dejemosnos llevar, fluir, encantar, con todo aquello que se nos escapa por esta visión humana-racional de querer encasillarlo todo. Paremosno a escuchar lo que lo más profundo de nosotros nos dice, ésa es la raíz del árbol que somos, y respetemos todo aquello que sentimos aunque no lo entendamos. Dejemoslo desarrollarse a ver dónde nos lleva... Igual puede ser una aventura que haga que encluso lo más cotidiano puede ser lo más maravilloso de la existencia.
Y sumemos...

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