Acoger, disfrutar, respirar. Porque todo el aire a veces no llega a ser vida, sino pensamiento conservado en Formol. Y porque la luz del día no llega a ser tan calra como un geranio o la cáscara de una pipa de girasol, mudo, que con su cántico dispersa todo lo que una vez fue Agua, y llega a ser Asfalto, como una apisonadora de grúas y engranajes metálicos.
Porque la lluvia no llega a ser Luna. Porque el sol no llega a ser cielo, y el azul no puede ser nunca la nube que expira su hálito, tranquila, sin que le importen los millones de vidas que se acaban cada segundo.
Y los miles de millones de pequeñas figuras cerámicas que se inventa algún duende en alguna cueva.
Como si nada. Como si los amaneceres no fueran con él; como si cada segundo de Vida no fuera sino una porción de Sueño. Como si no se deshicieran las tórtolas con la mirada de sonreidor humilde; de payaso de calle y feria.
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Acoger, disfrutar, respirar. Porque todo el aire a veces no llega a ser vida, sino pensamiento conservado en Formol. Y porque la luz del día no llega a ser tan calra como un geranio o la cáscara de una pipa de girasol, mudo, que con su cántico dispersa todo lo que una vez fue Agua, y llega a ser Asfalto, como una apisonadora de grúas y engranajes metálicos.
Porque la lluvia no llega a ser Luna. Porque el sol no llega a ser cielo, y el azul no puede ser nunca la nube que expira su hálito, tranquila, sin que le importen los millones de vidas que se acaban cada segundo.
Y los miles de millones de pequeñas figuras cerámicas que se inventa algún duende en alguna cueva.
Como si nada. Como si los amaneceres no fueran con él; como si cada segundo de Vida no fuera sino una porción de Sueño. Como si no se deshicieran las tórtolas con la mirada de sonreidor humilde; de payaso de calle y feria.
Harlequín de la Vida y el Esperpento.
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