Sentarse frente al rey jaguar, ése que ilumina todo y contemplar sus alas plegándose en contacto con la Madre tierra porque ha llegado el momento de abrirlas en otro lugar. Sentir como la tierra se estremece a su contacto y absorver esa última luz, tenue, brillante, hermosa. Mirar alrededor y sonreir, pues tu vida ha llegado a un punto clave: un lugar importante. Oler la tierra, sentir las montañas, limpiarse por dentro... Observar los cambios de las horas, contemplarse por dentro, amar de verdad. Ya no importan los zapatos, los despertadores que acaban por no sonar, las lavadoras por poner... el trabajo, las prisas, los quehaceres.
Solo importas tú, brillante ser humano que renaces cada día con una sensación por sentir, pues eres tú la encarnación infinita de las sensaciones. Y eso es lo más maravilloso del mundo.

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