El ruido de la obra de arriba de casa me despierta como si un huracán amenazara las paredes de cartón de esta casa en el cielo. Ni siquiera he abierto los ojos aún y ya siento una respiración que palpita a centímetros de la mía. Mis labios no pueden más que dibujar puentes entre mis mofletes, de ahí que tenga agujetas estos días, y entonces siento un sonido en mis pupilas que me hacen abrir los ojos y abrir el mundo a un nuevo día. Y tú estás ahí, sonriente, con los puntos exactos de mi locura. Convirtiéndote a cada segundo en una parte de mí que inunda mis espacios y los revuelve y los uniforma, y los convierte, en circulos de espirales trasladados a paraísos artificiales que ni siquiera sé explicar. Y me escuchas, y quieres entenderme, y me miras... Y todo eso justo en el segundo antes de que pierda la vergüenza de parecerte una loca (aunque seas tú el que toca la guitarra mientras estás en el baño...) y te coma a mordisco mañaneros el alma.
Amo la vida porque tú estás siendo mi revolución diaria....

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