Tengo la sensación de que el vencejo que apareció justo en la puerta de la tetería tenía cosas que decirme pero su timidez no lo dejó. El pobre no sabía volar a esa altura tan bajita, y claro, mis lágrimas hicieron que me mirara de ésa forma y me dijera cosas que igual mi cabeza no supo interpretrar. Por eso movía el pico como lo movía hasta que le llevé al médico y dejo de hacerlo. Sería una estupida si no reconociera que ví un paisaje de mi vida en todos esos quehaceres.Que no lloraba por mí, además del pobre pajarito que no tenía ningún problema físico. Igual era como yo, e igual precisamente éso quería decirme la vida. Nosotros ponemos la altura, al igual que el límite.
Al final, cambié las penas por las sonrisas y ahí está, con una nueva familia y deseoso de volar tan alto como un cóndor... Que, que por qué asemejo un pequeño vencejo con un sagrado cóndor? porque he sabido en estos días que, al igual que el Cóndor, los vencejos se pasan la vida en las alturas y allí todo lo hacen, rara vez verás parar o posarse en algún lugar a esos pájaritos... En fin, en Málaga no hay cóndores pero vencejos si. Qué cosas...

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