Los atardeceres cargados de frío y de sol moribundo de invierno me agarrarán las pestañas para llorar en paz, para ser en paz.
Me inundará la calma de mi silencio y el repiquetear de mis pasos por sus rincones ruidosos.
Seré tempestad una vez más en la ciudad que me cambió la vida.
Volveré
para empezar a parir la hija que tengo en mis adentros,
y ver crecer la magia de mi*nuestros dedos.
Barcelona Enero 2011*

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