Cada noche es un párpado que no acaba de atravesar las espinas.
Estoy cansada de tantas cuentas de piedras desparramadas en el polvo. Dichoso el alacrán madre que devora a sus hijos.
Estoy sola, caída, grano de maíz desprendido de la mazorca del tiempo.
Siémbrame entre los fusilados, pero no me quemes en la hoguera. Esta noche no.
Lluéveme, asoléame. Cúrame.
No me dejes en mi silencio...

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