Lisboa,
con sus puentes, sus calles empedradas, sus rincones de encanto, su castelho y el barrio de la Alfama. Con sus zumos de naranja dulce, sus bocadillos mojados en agua (:S), su gente sonriente, las fotos a escondidas, el olor a carne o a pescado (:[). Su vino de garrafón, los restaurantes indios, el cielo. Los parques, las banderas, las esculturas, el cementerio aquel... La pensión de Chiado, el fado y el tranvía que sólo bajaba. Sintra, Belem o aquel faro sin pueblo. La playa, la lluvia, el arcoiris e incluso el atasco de una hora en medio del centro. El coche retumbando de sonrisas y canciones a toda voz. Tú en la cama y yo en la ventana, mirándote.
Lisboa me ha cambiado la mirada.
Y soy feliz. Muy feliz.

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