Sin abrir los ojos, ya despierta pero tumbada en la cama aún, amaneciendo fuera y con los pies congelados sacados de la manta, sientes ése movimiento. Es algo arrítmico, extraño, desconocido pero peculiar... Sientes que es algo tuyo pero no lo conoces del todo, no sabes de dónde viene o quizás si... pero no puedes explicarlo. El caso es que algo se mueve y a ti te dan ganas de gritar.
Tocas, buscas, palpas... Y acabas sonriendo. Agradeces*.
Entonces abres los ojos y ves como en tu barriga hay un pequeño montecito y en ese montecito está la Vida que ahora forma parte de tí. Y sientes como tu ya no eres tú porque la conexión que existe entre tú y la Vida es superior a todo el resto. Sonríes, vuelves a hacerlo. Y giras tu cabeza para guiar tu mano hacia una cara con párpados de miel y con ojos cerrados aún. Comprendes así, al mirar sin ser vista que lo tienes todo*. Respiras, te acomodas y haces que tu cuerpo encaje con la otra mitad diferente* de ti que está a tu vera, y tocas una vez más tu barriga para cerciorarte de que alguna vez lo verás crecer y recibirás Bendiciones*

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