He aprendido que las apariciones repentinas vienen siempre seguidas por una despedida a regañadientes, de sorpresa, sin ninguna razón ni excusa que las sustente. Y con eso he comprendido mucho más que si ésas personas que aparecen de nuevo se quedan para siempre. Además, estoy hecha ya a prueba de balas y poco o nada me importa que no tenga suficiente estima para dejarlo todo y recomenzar. Ya somos mayorcitos los uno y los otros para saber que no podemos tener siempre lo que queremos. Aunque duela. Aunque a veces seamos como niños pequeños que quieren un caramelo y hasta que no se lo dan no paran de berrear y lanzar en grito que quiero eso; eso, eso y eso, señalándolo con el dedo, como si el universo girara para complacerlos. Y bueno, no, no somosni niños caprichosos, ni burros volando... Somos esto que vivimos ahora en estos momentos.
Y punto. Y eso tambien lo he aprendido ya...

No hay comentarios:
Publicar un comentario