No quiero vivir de mil oxígenos contínuos pudiendo vivir y supervivir mientras respiro sobreviviendo. No quiEro, más bien no puedo, seguir caminando si miro hacia el suelo y encuentro huellas de marcianos que no ha borrado el tiempo porque tenía demasida prisa por subir al primer vagón del metro de la L2 o porque llevaba demasiadas horas en los pies subiendo al autobus con cara de pocos amigos y sin sonrisa en los ojos. ¿Y quién puede estar atenta el tiempo si tengo la cabeza llena de sensaciones imborrables para mí para tí para mí para ti? La cabeza llena de recuerdos por dentro de aquellos tres rugidos que me lanzó la montaña. Oh las tiernas montañas... tan lobas ellas también. Si, la cabeza llena de recuerdos de dos besos comunicantes que era como la visión de una existencia a la otra, de tu inversa a mi reversa, de tu necesidad a mi fuego, haciendome brillar la esencia de mi estrella como un son de nenúfar ardiente. ¿Y qué quieres que te cuente si me olvidé del tiempo por hoy y estuve hablando con el conejito que se comía las uñas? Y pude ver como en mi mano derecha, donde las uñas también están comidas, se quedaban las ganas de fotografiar esta ciudad contigo... Quizás así, mis ojos dejaran de volverse dorados para convertirse en ardores infinitos de un cristal inmerso en cometas de colores. Y reir... reir contigo, reir en la noche soleada (del vigoroso participio).
Y mientras, acá estoy, redondeando versos que alguien escribió en mis dedos para que los soltara desde alguna parte de mí hacia mi misma y compartilo aqui con vete tu a saber quién diablos. Si, aquí estoy, sin saber si gimes o vences o llorar o reis, sin saber si quiera hacia dónde te escondes cada vez que desaparecen tus ojos de mis ojos... Va, reminiscencias quirománticas, carajo.
Y a estas... horas, en donde mil relojes zumban las horas de mil distancias, millares de montañas revientan exquisitas delante del sol rojo en cualquier otra parte del mundo en donde, probablemente, estaría mejor que en esta ciudad esta noche.... Esta ciudad que me demuestra día a día, que soy parte de ella, desde el principio. Que tengo kilómetros... kilómetros como de nueces atragantados y un girar, girar, girar, clavado en mis pupilas, queriendo agarrarlo todo y no soltarlo. Pero en fin, ya vuelvo a otras realidades que me esperan desde hace tiempo, aunque no quiera, aunque ni siquiera lo haya pedido... Y me montaré en mi asiento que no es más, ni menos, que la cima del Mundo. Y miraré rostros, buscaré rostros, encontraré rostros... y me preguntaré cen veces qué serán mis ojos, y encontraré, afortunada de mi, la respuesta que alguien lanzó tiempo atrás al aire para recogerlo... "mis ojos? trozos de infinito..." y tendré el cielo entre dos barcos, el tuyo, el mio, y acabaré lanzando calumnias y atrocidades a mi soledad compartida, haciendo pedazos de un mundo, el mio, el melancólico de esta noche, a un corazón de un mar embravecido.

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