Un termo con té caliente. Una tarde de frío. La manta de meditar que me regaló mi madre. Un jersey. Una libreta acompañada de ese boli gordo que tan cómodo es. Mi compañera, la cámara. Unos libros. Un atardecer. Y esa paz interna que me da el mar...
No me sobran motivos para agradecer.
G r a c i a s*
Por mis tardes libres.
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