Aprendiendo que los ojos se expresan mejor y que las palabras a veces no caben en los dedos, ni en las bocas de tan grandes... o de tan inmensamente pequeñas. Que el tesoro de los piratas no es más, o mejor, que el de un bombero o un camarero de bar. Que siento que esta nueva cicatriz de tinta negra en mi piel me recuerda esa dinastía de soles que se acerca... Y que ojalá nunca supiéramos la rabia que da el hambre y la pena que da encontrarte a un anciano con sus miedos en la esquina del mayor centro comercial de la ciudad donde vives. Que maldita sea la justicia y todas sus leyes y bendita la locura que me acompaña día a día, madrugadas como éstas que sonreía mientras daba las "buenas noches" cuando todos decían "buenos días" con la espalda marcada de algo parecido a esa sensación tan dulce que tienen los segundos antes del beso y de sueños; porque de ésos ultimamente se me están cumpliendo bastante. Y eso, que además estoy asumiendo otra ley más allá de la de "ser feliz o morir en el intento" y no es otra que el instinto no falla y que llorar...va, que no solo lloramos de pena. Que Mambrú a veces se pierde y se (me) va a otra galaxia, quizás a ese nuevo anillo que dicen haber en Saturno y que a veces un loco me dice parece ver detrás de la espada de Orión con esa paciencia perpetua, y que me hace sentirme a veces tan en equilibrio, aunque se vaya y me deje, pobre Mambrú, perdido esperando una estrella habitable mejor después de tanta puerta cerrada y mala suerte. Y yo a veces tambien me pongo triste cuando pienso que el taller que iba a ser no será y que el arte tendrá que esperar unos meses más cuando ya todo esté cargado de buen tiempo y de primavera, quizás sea que el otoño no sienta bien a mis manos y que por ello, el tiempo no corre desde mi cuenta. Pero no importa, porque mientras, camino como en una guerrilla sin armas, con un fuerte enorme cerquita de un río y una paz inmensa bajo una higuera... Y camino después de trabajar, muerta, sedienta de sofá o de cama, con cosquillas en el estómago y en los ojos y en la boca, por qué no, yendo hacia un lugar donde me reciben con ese cielo abierto donde siempre gano asaltos detrás de un blues, un jazz, una cerveza, una vela encendida que apago sin cesar y un sofá que tiene cojines como de madera de tan incómodos... Sonriente, contenta, feliz de encontrarme con mi autoestima tantas veces y darme cuenta que los alter ego y el murciélago de la noche que tanto mordía mi cuello se esfumaron con aquel humo del cigarro que nunca terminé pero que dije que sería el último de mi látigo personal. Y bastó... Ahoro exploto como el sol explota en la ventana del salón o en aquel lugar tan hermoso que encontramos en Amsterdam, justo detrás de aquel café. Si y pronto será aquel concierto que tanto espero, las charlas, las maletas, el café de las seis y ese hermoso tictactictac que tiene mi corazón ultimamente... Porque ya me estoy aconstrumbrando a estar tan bien que ya no lo suelto. No, ahora no.
:)

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