Conozco a jinetes que cabalgan por miedo en lomos de quienes tienen las cuencas de los ojos vacíos. Y son un poco más que jinites a caballo; son zombies que esperan a que el semáforo se ponga rojo para cruzar, y van rompiendo ilusiones haciendo que el corazón de quien las piensa deje de bombear. De todas formas, ellos no tienen porque son seres apagados... Son jinetes: no lo necesitan.
Conozco, en cambio, grandes corazones que caminan por la vida sin hacer ruido. Que, a diferencia de los jinites, escuchan antes de preguntar, que saben esperar el verde del semáforo y que sonrien cuando caminan por la calle sin ir a lomos más que del aire. Son corazones inmensos, que no tienen capacidad porque siempre las desbordan. Son corazones que contaminan las ilusiones, las ganas, las ideas. Y es increible sentirse dentro de un corazón de esos, tan cálidos, tan cordiales, tan rojos... Con tanta luz...

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