Son las tres de la mañana y saltas a la calle tropezándote en las escaleras porque no puedes ni respirar. Estás cansada, te duelen los pies, pero corres cuesta abajo tratando de mirar para atrás por si te sigue. Ya no aguantas más. Esto es lo último. Nadie jamás te había tratado con tanta indiferencia, con tanto dolor, con tanto poder. Nadie jamás en tus veinte años de vida te había hecho sentir tanto, aunque desafortunadamente, la mayor parte de tí, aún tiene en carne viva las cicatrices de todo lo malo que sentiste por dentro y que aún persiste aunque te hayas encargado de intentar olvidarlo; que pesan más, que duelen más, que desequilibran claramente la balanza y te hacen darte cuenta de que en la vida tambien está la muerte, de que en el amor, tambien está la destrucción de todo lo que puedas construir. Pero se acaba, te lo estás diciendo mientras corre, sin saber a dónde vas, a la tantas de la noche, sola, cansada, sin dinero, llorando. Y gritas... Gritas, maldita sea, y te desesperas creyendo que vas a morirte de tanto dolor por dentro. Andas y tus pies echan fuego, como tu cara que ya quiere dejar de llorar. Después de una hora para llegar al centro, te detienes en esa parada que tantas noches te encontró así, hace tiempo, días, meses, tal vez hasta un año atrás, o incluso cuando vivías por aquel lugar que tantos momentos bohemios te trajo y que tan bien conservas. Ahí estás de nuevo, aunque no quieras estarlo, sentada, temblando, sin lágrimas. Prometiendote que empezarás una vida cuando llegues a casa, te quites tanto dolor con una buena ducha de agua caliente, una tila doble con un poquito de canela como te gusta, te pongas el pijama y pienses un sueño hermoso para cerrar los ojos y tratar de alcanzarlo y ser un poquito feliz allá, aunque lejos. Y tienes ganas de encender el movil y mirar, joder, algún resto de lo que crees pasado, de lo que te juras ya es pasado, pero no lo haces porque eres fuerte... porque te dices que vas a serlo y se acabó. Te acuerdas entonces de todas aquellas veces y sientes que por fin ésta es la última, que podría ser peor, que podrías no estar preparada pero, afortunadamente, tanto dolor pasado (que aún persiste) te hizo fuerte y ahora, ahora esto ya no es nada más que un pasar de página. Ahora si que si. Se acabó.
Fin de la historia, puta historia, MI historia contigo.
Que la vida te trate bien. Ojalá. Y que ojalá tengas alguna vez los cojones de mirarme a la cara, a los ojos, y decirme todo aquello que nunca jamás te has atrevido. Cobarde. Ojalá algún día, quieras a alguien tanto que por dentro te duela como a mí tú me dueles. Y sobretodo, ojala estés preparado para vivir todo eso...
Te diré una cosa, una última cosa por aqui, porque sé que leerás esto: nadie volverá a apostar, a quererte tanto, a luchar tanto por tí. Nadie lo hará como yo. Nadie te cuidará ni te dirá lo que necesitas como yo lo he hecho durante todos estos meses. Nadie te podría haber hecho tan feliz como ésta estúpida que ahora mismo, quiere empezar de cero. Y sabes lo mejor? que te den! que yo no quiero saber de ti en mi vida! que personas como tú no las quiero quierer! que no volvería jamás a hacer 1200
km por tí ni aunque en ello se me fuera la vida! que no es justo que una persona que quieres y por las que has demostrado que te dejas de lado para hacerla feliz, te diga que va a hacerte daño para que así aprendas, para que la dejes en paz. Pero tú quién te crees? Maldita sea, que no es justo que trates a las personas que han estado como nadie junto a tí, como si fueran unos agregados de mierda a tu vida, los últimos en llegar, los que no tienen ni voz ni voto y que si tú te pierdes... piérdete tú pero no hagas perder a otros con tan poca vergüenza y tantas ganas de hacer daño. Que cambies tu vida, que gires los pies, y que vueles, porque por ese camino nunca jamás serás quien quieres.
Que todo te vaya bien, que a mí me irá mejor.
Salud y suerte, ex compañero. Solo te pido que si me ves por la calle, tengas la fuerza de mirarme a los ojos, auquesi eres como yo siempre esperé que fueras, no lo harás por un poquito de humildad y respeto.
En fin,
que ojalá alguna vez encuentres lo sagrado y lo divino en tí y puedas ser feliz, pero feliz de verdad.
me deseo buen suerte, no volver a verte y que me vaya bien...