21.7.09

viajeaunabibliotecapública

Estás tan acostumbrada a llegar a la puerta, agarrarla mientras alguien sale y tú entras, mientras estás apagando el mp3 (que una vez más te amenizó el camino), a llamar el ascensor y mientras baja, subir a toda prisa las dos plantas por las escaleras; a entrar por la puerta chirriante, mirar a ver si está la mirada que siempre te observa y a la que tú regalas frases subrayadas, dirigirte hacia la puerta de la izquierda, segundo pasillo, tercer estante, y sentarte en el suelo, mientras el corazon te sale por la borda y tus manos buscan al azar ser rescatada por algún libro de los que tienes allí delante. Estás tan acostumbrada, que hoy volviste a hacerlo. Es como uno de tus rituales; uno más... Como algo que haces tan cotidianamente (una vez por semana si tienes la oportunidad), que sin eso, no te sentirías como en casa entre tanto libro viejo y tantas películas tan nuevas. Allá todo es lo mismo y tan diferente... piensas. Siempre lo piensas, ¿no es así?, siempre te sientes como tranquila en aquel lugar, entre todos los lugares que como ése hay. Es curioso. Y mientras tomas un libro al azar o quizás él te toma a ti, lo siente por detrás... es una sensación liviana. Mmmmm... pero sigues absorta en la lectura de un amigo más que apuntas en tu "lista de palabras o libros pendientes".
Aún asi, no te concentras y tienes que mirar, porque ese ruido un día como hoy, martes, a las doce, no es muy normal... y menos allí, en ese lugar en donde todo el mundo conoce a todo el mundo en estos tiempos que corren... y con este día de calor. Miras y entonces...
Ahí está. Medio oculto. Entre los libros de idiomas y "las novelas pastelosas" (conoces perfectamente ése lugar, pasillo dos, ala derecha, cuarto estante). Ahí está él, con su mirada penetrante sobre todo, como queriendo captar el alma de todas las cosas, como sumergido en ese mundo tan hermoso que dan los libros en lugares como ése. Baila, salta, se balancea, haciendo ruido, apelotonando el silencio monótomo habitual. ¡Rie! y después de reir, te mira como si hubieras descubierto su extraño secreto... La cara segundos después le cambia, y se esconde. O eso te parece porque ya no le ves, y por mucho que tengas una sonrisa en el rostro, sientes que le incomodaste... Ya nada entonces, te dices. Porque hubieras ido hacia allí y le hubieras leído una de las frases que alguien señaló, como haces tú, en ese libro que tienes entre tus manos o le hubieras cogido por debajo de los hombros y hubieras bailado con él en el aire, danzantes, amantes de la alegría, brillando... pero comprendes que los otros dos "seres" que andan, apagados, grises, oscuros, por allí no lo entenderían y sigues pues, sumergiendote entre aquellas palabras. Pero no, el aire está cargado esta vez de un olor dulce, de sonido! Ruido, voces, risas, en ese lugar! Una vez más, sientes una leve punzada detrás y giras la cabeza.... ¡Allí está, esta vez, sonriendote!
Os quedáis sonriéndoos hasta que una mano adulta os rompe el silencio no silencio de vuestras miradas y él te dice adiós con su pequeña manita y se aleja, pasito a pasito, como saltando por encima de hermosas flores que él pisa con cuidado, hasta la puerta. Allí le pierdes de vista, aunque trates de seguirle cuando te levantas y gires el cuello tanto, que la sombra que está al lado, te mira cómo preguntándose qué demonios mira ésa... Y tu le miras, como enfadada, con ese ceño fruncido que llevas ultimamente a cuestas, sacándole la lengua, con la absurda sorpresa de quien la obtiene.
Y ahí te quedas tú, tú con tu cara iluminada, tu cuerpo de póker en el suelo, tú y tus manos repletas de palabras que te acarician, sintiendo que un pequeño duende se escapó de uno de esos libros que, curiosamente, tienes a la espalda....

1 comentario:

Lo. dijo...

Pues si que parece interesante .P
Tendría que haber estado despierta para ir jua jua

Mis mejores deseos para tí:

Que el eterno Sol te ilumine,

que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*

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Málaga, Andalucía, Spain

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