Hay una luz húmeda que se filtra como un ángel por toda la cama de acolchado amarillo. Hay unas uñas arracando el tiempo, unos ojos perdidos y unas manos metidas hacia dentro. No hay ganas de soltarse porque la lenta cuchillada boca arriba, rompe las estrellas de la noche y devuelve al espacio las preguntas y los terrores. Hay temores y un toro desbordado yendose o queriendose, devolviendose al mar y del mar, al cielo y luego, escaleras mecánicas. Hay probadores profanados por mentiras enormes que se escriben en los poros abiertos de una ducha hirviendo. Hay un té en la mesa que no se toma nadie y un montón de cigarrillos apagados en el suelo, en la terraza, en las paredes. Hay humo por todas partes que se une a la luz húmeda y se te vuelve pa los ojos. Hay fotos de historias pasadas y un vals en la radio. Hay un pajarito en la cabeza que quiere comer comida argentina y que pia a destiempo para que dé tiempo a mirar al espejo y ver la luna reflejada en una mejilla. Si... hay una mejilla reflejada y repleta de mordiscos. Hay un buzón o un perro seguro de sí mismo que pide a gritos ser sacado para empezar a dar saltos sobre un pie para entrar en el cielo. Hay glielo dico io! Y caras extrañas y miradas masturbándose y demasiados "demasiado tarde". Hay cartas que escriben dependencias y un poco (y un bastante) dependencia de la luna. Hay besos en la espalda y besos que eran como ojos que empezaban a abrirse más allá... como pétalos en un estanque de una noche de verano, en cualquier isla italiana, con una mesa de mantel blanco, una vela, dos copas de vino y un puñado de pasta sabrosa. Hay "siempres" y hay incluso goznes y árboles y una madeja de calles y una burra, y un campo empastado. Hay recuerdos y nombres que salen y sacan sonrisas y meses... muchos meses por delante. Y por extraña razón, hay como un algo que no sale de la boca de ninguno de los allí presente, de los dos de entre muchos, que no se distingue, ni se toca, pero que se entiende.
"Se nos entiende, ¿no?"
:)

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